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dialogoMedidas como la que ha adoptado el Gobierno de Canadá (Conservador) en relación a establecer mecanismos de toma de temperatura a través de la opinión de los ciudadanos (en el caso canadiense por una Web) para lograr la aprobación de una Ley que incide sobre los derechos de propiedad intelectual, ponen de nuevo de manifiesto el debate de lo que el Diputado Socialista por Madrid, Rafael Simancas, denomina Gobierno a la Carta, en un reciente artículo en su blog.

Simancas señala con cierta razón en su artículo que este tipo de medidas pueden suponer un menoscabo de la legitimidad democrática que tienen las instituciones, vaciar de contenido los programas electorales y en definitiva convertirse en una nueva forma de populismo. El diputado socialista hace suyos los recelos que Tocqueville manifestaba respecto de la participación ciudadana en el sistema americano, diciendo que si todo era deliberativo, el poder sería de las minorías.

Y es cierto que un cierto dogmatismo respecto de la participación ciudadana puede dar pie a formas de populismo, de lo cual dan testimonio los sistemas que en determinados países de américa latina se están implementando, que es pura y simplemente el cercenar derechos a las minorías sobre la base de consultas continuas.  

Afirmar como hacen algunos que la participación ciudadana es la panacea y la solución a todos los males es erroneo, tanto como decir que la participación política se limita al sufragio cada 4 años. En un caso la participación como dogma llevaría a un modelo en el que el que más grite tendrá la razón, en el otro, el sistema político se cosificará.

Parece por tanto más lógico pensar que ambos conceptos no son excluyentes si no complementarios desde el punto de vista del socialismo democrático.

Las instituciones propias de la democracia parlamentaria pueden tener un tenor liberador de la dominación para el ser humano (Gregorio Peces-Barba) justamente ese es uno de los puntos de debate entre lo que denominan los contemporaneos socialismo de los ciudadanos, Peces-Barba socialismo ético, Roselli socialismo liberal y Bernstein revisionismo, con la ortodoxia del socialismo científico. El segundo niega la validez del liberalismo y sus instituciones (Gobierno, Parlamento, poder judicial y derechos fundamentales) considerándolas un instrumento al servicio de la opresión de los trabajadores, mientras que el socialismo a fuer de liberal, considerará que la revolución más efectiva es aquella que desarrolla al máximo los derechos fundamentales a través de leyes aprobadas por parlamentos democráticos y ejecutadas por gobiernos.

A su vez la participación ciudadana permite incorporar elementos de refuerzo de la legitimidad de las instituciones tradicionales a través de sistemas de “toma de temperatura”, puesto que no todo sistema de participación es un plebiscito populista. Podemos ver algún ejemplo de manual que puede ilustrar sobre por qué en ocasiones conviene emplear sistemas de “toma de temperatura”.

El Gobierno del PP desde 2001 desoyó al toda la comunidad universitaria española, con la LOU, algo parecido sucedió con la LOCE un año después y continuó con el decretazo, incluso la Guerra de Irak serviría de ejemplo, en todos estos casos un porcentaje muy elevado de la población, que llega a rozar el 90% en el caso de la guerra contestó con diversas protestas y movilizaciones esas medidas, estoy convencido de que de todos los que se movilizaron contra cualquiera de estas iniciativas, muchos eran votantes del PP, y creo que muchos de ellos han continuado siendolo después.  

No estando, yo, de acuerdo con ninguna esa actuaciones, creo que el Gobierno Popular pensó que la reforma universitaria, imponer itinerarios segregadores en la educación, abaratar el despido, o meter a España en una Guerra en Oriente Medio, eran las mejores decisiones para la buena marcha del país.

Establecer en aquellas decisiones algún sistema de “toma de temperatura” no significa que el gobierno de Aznar no fuese adelante con sus decisiones, ni abjurase de su ideología, creo sinceramente que saber escuchar le habría permitido explicarlas y tratar de convencer a muchos ciudadanos sobre por qué el Gobierno de Aznar pensaba que eran políticas adecuadas, en todos estos casos.

Sin embargo nadie puede negar que el desprecio a quienes protestaban, la soberbia y el fundamentalismo de decir que el programa es sagrado y la mayoría parlamentaria es la única expresión posible de la voluntad popular influyeron en que muchos ciudadanos retiraran su confianza al gobierno de Aznar.

Cuando además se vió que además eran políticas erroneas, el resultado de 2004, diga lo que diga la derecha, estaba más que cantado, iban a salir del poder y Zapatero iba a ser Presidente.

Incorporar la comunicación continua a la forma de gobernar no es nuevo antes al contrario se viene realizando desde hace más de medio siglo cuando la Casa Blanca pone en funcionamiento su Secretaría de Prensa (Costa Badía). Hoy el desarrollo de nuevas formas de comunicación convierten a un ciudadano que cada día más formado e informado es un sujeto con mayor capacidad de crítica, no solo en receptor, sino en emisor de comunicaciones, con capacidad en algunos casos de generar opinión pública.

Es verdad que no se puede caer en lo que alguna mente lucida pretende que es digitalizar todos los procesos de toma de decisiones a modo de asambleas virtuales en las que quien más tiempo libre tenga para escribir en el twitter o agregar adeptos en el Facebook, gane.

Pero a la vez es cierto que las instituciones pueden y deben incorporar mecanismos de escucha y toma de temperatura, para poder ser más pedagógicas en lo que explican, puesto que con ello mejorará la calidad de la democracia.  Hacer esto ultimo no es Gobierno “a la carta” sino simplemente saber escuchar y tener una mejor capacidad de convicción.

juegodeestrategiapolc3adticaMás allá del dato de los 8000 millones de euros y de los cientos de miles de empleos que va a crear el Plan Zapatero, el Fondo de Inversión Local aprobado por el Gobierno de España es la iniciativa que puede haber realizado con mayor intensidad un cambio en la administración pública española.

Primero porque para tramitar las ayudas del fondo, 8107, de los 8112 ayuntamientos que hay en España han tenido que contar con firma electrónica, lo cual supone que todos nuestros gobiernos locales podrán realizar cualquier trámite sin cruzar un papel y sobre todo en tiempo real, mejorando la eficacia y la transparencia de la gestión administrativa.

Además las Diputaciones han actuado como lo que la Constitución marca que tienen que ser, presatadoras de servicios a los Ayuntamientos, ya que su asesoría ha sido fundamental para tramitar el acceso a la firma electrónica y la presentación de Proyectos, sobre todo de los Ayuntamientos más pequeños, con lo cual la Diputación además ha podido coordinar proyectos para planificar coordinadamente el desarrollo del territorio provincial.

Pero fundamentalmente se ha realizado algo que rompe la lógica de competencia por el territorio en la historia de la Administración Española ya que por primera vez se ha aplicado el principio de subsidiariedad y se ha roto la competencia por el territorio entre administraciones públicas. El Plan Zapatero parte de una premisa, los Ayuntamientos son a la vez entidades autónomas y son Estado, por tanto como herramienta del estado más cercana a los ciudadanos y conocedora de sus problemas inmediatos se les ha confiado la resolución de la crisis desde su autonomía ya que son los Ayuntamientos quienes presentan los proyectos que consideren oportunos a un fondo dirigido a financiar proyectos generadores de empleo, que mejoren la calidad de vida de los vecinos, un fondo transparente y garante de la igualdad en el territorio.

Esta nueva relación entre Estado y Ayuntamientos basada en el equilibrio de que el Estado cuenta con 8112 gobiernos autónomos nivel local y que esa autonomía local siginifica para nuestros Ayuntamientos formar parte de un todo que es el Estado, es algo que cualquier manual calificaría como equilibrio y lealtad federal (bundestreue) curiosamente en España parecería que el federalismo cooperativo ha entrado a partir de la relación entre el Estado y los Gobiernos Locales, mientras que las CCAA en su relación con el Estado siguen teniendo deficits de federalismo cooperativo.

El por qué de esta diferencia radica en que los Ayuntamientos tienen espacios de relación intergubernamental horizontal y vertical consolidados en nuestro sistema político, la FEMP y las Federaciones Territoriales, las CCAA aún dependen de la reforma del Senado.

2025787_550x550_mb_art_r0.jpgUna de las mitificaciones del proceso norteamericano de primarias es la idea de que los candidatos son elegidos por votación directa en algunos casos como Iowa o Nevada de cualquier ciudadano, en otros como New Hampshire de los votantes que se registran como simpatizantes de un partido.

 Pues bien no es cierto, en las primarias de los estados no se vota al candidato, sino que se eligen a los delegados que representarán a cada Estado en la Convención Nacional de cada partido. En este sentido cada partido es libre de organizar la representación de los Estados en su Convención y la asignación de delegados obedece a razones diversas (población, afiliación…). En este supermartes los demócratas se juegan en 24 Estados cerca de 2000 votos en la Convención, mientras que los republicanos elegirán a poco más de 1100 delegados.

El sistema de primarias fue establecido ante las continuas manipulaciones que los aparatos del Partido Demócrata y del Partido Republicano, realizaban para elegir delegados a las Convenciones, lo que dió lugar a que Theodore Roosvelt se escindiese del Partido Republicano, fundando el Partido Progresista que fue el primero en establecer un sistema de elección por primarias, que la práctica y la buena acogida, unido a un número infinito de manipulaciones en los tribunales por la asignación de delegados, llevaron a Demócratas y Republicanos a establecer este sistema y a los Estados a regularlo legislativamente.

Por tanto las características de las primarias en los Estados Unidos es que son un proceso de elección indirecta, similar al que en los partidos europeos se realiza cuando se eligen delegados a sus Congresos, pero que presenta varias particularidades:

+ Nace como reacción de desconfianza hacia los aparatos de los partidos mayoritarios, que manipulaban la elección de delegados a sus Convenciones Nacionales, en un país que como Estados Unidos tiene un sistema político de elección uninominal y que desde su nacimiento desconfía de los partidos políticos, de hecho Jefferson promueve que la Constitución americana ni siquiera los mencione.

+ Está regulado legalmente por cada Estado que además supervisa y certifíca el proceso, de manera que ha devenido en obligatorio para todos los partidos. Esto ha generado cerca de 50 sistemas de elecciones primarias pero grosso modo se pueden resumir en tres: abierta (vota cualquier ciudadano, por ejemplo en el Caucus de Iowa) semi-abierta (votan los ciudadanos registrados como simpatizantes de uno u otro partido como sucede en New Hampshire) o cerrada (solo votan los militantes).

+ Los partidos gozan de una amplia autonomía a la hora de asignar delegados a los Estados, pudiendo anular la participación de los delegados de los Estados si estos, como ha pasado recientemente deciden unilateralemente y sin contar con la dirección de los partidos, adelantar o retrasar las elecciones. Además en el caso del Partido Demócrata existe la figura de los superdelegados, que es un colegio de delegados que se designan desde la dirección demócrata directamente como participantes en la Convención.

Finalmente también es importante señalar que los delegados elegidos en las primarias, no acuden a la Convención con mandato imperativo y de hecho son frecuentes los cambios de votos y la indisciplina, principalmente en el Partido Demócrata. A modo de ejemplo de ello en la Convención Demócrata de 1968 Hubert Humpreys, entonces Vicepresidente de Lyndon Johnson, que ni siquiera se había presentado a las primarias fue designado candidato a la presidencia, debido a la influencia del Alcalde de Chicago y de los superdelegados sobre los delegados elegidos por las estructuras estatales.

Un sistema interesante que aunque no difiere tanto de los europeos, a veces suscita ansias de reforma en los partidos europeos para asemejarlos a los norteamericanos, en esto hay un par de buenas lecturas de José Antonio Gomez Yañez “Partidos sin Ley” y “Primarias” publicadas en El País, pero ese es otro debate….

Tema muy amplio, vertiginosamente amplio el de tu entrada sobre Izquierda y España. Espero muchas entradas tuyas sobre cada uno de los asuntos centrales del federalismo.

La primera vez tuve una idea clara sobre el asunto fue leyendo a un señor que retrataba agudamente el mismo ejemplo que pones, el norteamericano. Me refiero a Tocqueville y La Democracia en América. Ser federalista o centralista no eran posturas digamos ideológicas, sino casi casi ingenieriles. Ser federalista tenía que ver con un balanceo de poder que permitiese el movimiento interno y el control. Control tanto desde la periferia como desde el centro, porque ser federalista no es ser separatista, ni poner la diferencia por encima de lo común, sino aceptar y diseñar el cauce tanto de las fuerzas centrífugas como de las centrípetas en la arquitectura del estado. De ahí el activismo cívico norteamericano y el poder centralizador de sus jueces, por citar algunos de sus elementos más llamativos. La verdad es que a Tocqueville le dedicaré algún post.

Este balanceo me parece esencial, porque siendo más o menos correcto pensar que la cercanía a los problemas es la única forma de superarlos, la cosa tiene sus matices. Alguna vez te he oído hablar del gobierno multinivel. En eso tiene que estar el federalismo y el municipalismo, en resolver, o crear, lo que está a su alcance representativo. Pero, si se me permite poner el contrapunto, no todo está al alcance de sus ojos. Una comunidad o un municipio puede verse envuelto en asuntos que afectan a intereses que sobrepasan los de sus electores, ya sea por la movilidad de estos mismos, porque de sus acciones se derivarán subproductos al resto, o porque la supervivencia del cargo político de turno no esté en juego en temas que sí gestiona o que puede ralentizar sólo por fastidiar, etc. Estoy pensando por ejemplo en las políticas del medio ambiente, en las energéticas, en las de infraestructuras o incluso en las educativas.

Creo en el aumento de democracia que supone el federalismo, pero también creo ser consciente de que todo perfeccionamiento de un sistema democrático lo hace todo más frágil y necesitado de mayor esfuerzo y calidad por parte de sus políticos pero sobretodo de sus ciudadanos.

Se necesitan políticos capaces de no ser fieles lacayos del todos a una de las políticas partidistas lanzadas a las comunidades propias en una estrategia de desgaste con el gobierno central, pero también de políticos capaces de no ser administradores de lo inmediato y lo propio, que sepan que están inmersos en un estado y que del beneficio de la comunidad vecina, mañana vendrá el suyo, o que no entiendan que su labor principal es hacer oposición día y noche a un gobierno de nivel superior, aunque sea más televisivo.

Se necesitan ciudadanos informados, que sepan que hay en juego en cada esfera. Que conozcan para qué sirve un concejal, un alcalde, un diputado regional, un presidente y un parlamento de España. ¡Y por tanto se necesitan políticos a todos estos niveles que expliquen muy bien su tarea, sus propósitos y cuál es su alcance! No le voy a quitar responsabilidad al ciudadano, a veces tan mimados por lo políticamente correcto -aunque la condescencendia es propio del paternalismo y este en política es uno de los mayores desprecios por las personas comunes-, pero el político que se embarca en aventuras descentralizadoras no debería esperar que el tiempo le dé algún día lejano la razón, sino que tiene que ponerse a explicar lo que hace y a generar una cultura de la descentralización, que no pase por la particularidad cultural (¡) que las más de las veces parece que es el único medio que se les ocurre, sino por el desarrollo de la democracia y la participación.

Por cierto, que bien le vinieron las políticas europeas de cohesión a todas las ciudades españolas. Balanceo!!!!! que gran palabra, que sublime idea para el control, la libertad y la justicia. Europa y Ciudad, que gran lema para futuros debates.

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