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7738E7DE2978FA2B6F9B870F9EE4B“Sucede que a veces la socialdemocracia parece enferma, pero mientras algunos comienzan a alegrarse de la desaparición del enfermo y a pensar en el día después, éste contra todo pronóstico se levanta y con la energía de un joven comienza de nuevo a andar, creanme cuando les digo que socialdemocracia siempre estará liderando los cambios”.

Willy Brandt. 1989.

Como diría un compañero de agrupación, quiero empezar este artículo con una matización al Profesor Sami Nair, que hoy escribe un interesante artículo en El País sobre la situación actual del socialismo democrático en Europa.

Partiré de un cierto consenso respecto de que no es el mejor momento de la socialdemocracia europea, a excepción de los países escandinavos, las elecciones alemanas y las elecciones europeas han puesto de manifiesto una pérdida de respaldo del electorado hacia las ofertas políticas de los partidos socialistas.

Sami Nair analiza la situación política del Partido Socialista francés, el SPD alemán, el Laborismo Británico y la izquierda italiana. En líneas generales y salvo el caso italiano la fecha clave para Nair es el año 2000 y el factor determinante es que todos estos partidos asumen como inevitable la globalización “liberal”, siendo según Nair 2000, el año en el que la socialdemocracia se vuelve pragmática y liberal y siendo este momento en el que comienza la debacle.

Pero si hacemos un ejercicio de memoria y viajamos al año 2000 nos encontramos con una situación curiosa en el mundo occidental, en la UE de los entonces 15 países que la conformaban, en 12 había gobiernos presididos por socialistas, en 2 los socialistas eran socios minoritarios y solamente España aparecía como un reducto de la derecha con los gobiernos de Aznar, Clinton cerraba un mandato de fuerte avance social en EEUU que solo el fraude  en Florida pudo cortar (no olvidemos que ganó Al Gore) en Canadá el Partido Liberal (centroizquierda) parecía inexpugnable y en América Latina Lula, Lagos y Tabare engrosaban la lista de gobernantes progresistas.

Esta hegemonía del centroizquierda en el mundo occidental comienza a finales de los 90 y en todos los casos de victorias electorales de partidos socialdemócratas y progresistas se puede observar una pauta común: todos ellos redefinen un discurso adaptado a la globalización, intentan romper las rigideces del discurso tradicional e incorporan valores y políticas tanto de la tradición liberal (en lo político) como de otros movimientos progresistas (discurso sobre derechos de las minorías, participación ciudadana, conciencia ecológica..).

Pero centrándonos en los ejemplos que cita Sami Nair vamos a ver qué sucede con todos estos partidos:

El Partido Socialista francés accede al poder en 1997 Lionel Jospin pacta con la izquierda previo proceso interno de modernizar el discurso de un partido, su gobierno dura hasta 2002 en que pierde las presidenciales por culpa de la polarización del voto de la izquierda (a pesar de lo cual Jospin se va con reconocimiento y el PS gana claramente el mismo año las elecciones locales y regionales).

El Laborismo Británico en 1997 vuelve al poder tras casi una década decir que el nuevo discurso de la Tercera Vía no tiene nada que ver es no percatarse de que gracias a Blair el laborismo volvió a ser un partido de gobierno. Tanto es así que lleva 12 años gobernando un país como Gran Bretaña.

El Partido Socialdemocrata Alemán, gana en 1998 con el nuevo discurso de Gerhard Schröeder de acercarse a las clases medias, incorporar elementos ecológicos sin renunciar a la justicia social.  Gobierna hasta 2005 y desde este año hasta 2009 es socio menor en coalición con la CDU.

En Italia la coalición de antiguos comunistas junto a democratacristianos progresistas logra formar gobierno en 1996 con Romano Prodi. Volviendo al poder en 2005, pero brevemente.

Además en 2004 en España gana el PSOE, en 2004 en Austria vuelven los socialdemócratas a la Cancillería y en lineas generales se puede afirmar que los inicios del siglo XXI han venido marcados por una preponderancia de gobiernos de centroizquierda en los países más importantes de la UE.

Además de los países escandinavos cuya “especial tradición” dice Nair que los hace no comparables, esa tradición socialdemócrata nórdica se basa en: partidos de perfil mayoritario, innovación en el discurso y comunicación eficaz.

En todos estos casos podemos encontrar tres puntos en común: primero sustitución de discurso de partido de minorías por un perfil de liderazgo hacia el conjunto de la sociedad esto da capacidad de generar consensos y por tanto de sumar por la izquierda y por el centro, segundo intento ideológico de casar la tradición socialdemócrata con la tradición del republicanismo o liberalismo político, con lo que se produce un rearme de valores en un momento como el de la Globalización en el que hay diferencias profundas sobre como encararla, tercero modernización en las formas de comunicar.

Es decir la socialdemocracia continental se volvió capaz de liderar mayorías, innovó el discurso y mejoró notablemente la comunicación. ¿No nos retrotrae esto al modelo escandinavo?. Continuemos.

Hay quien dice que esta evolución de la socialdemocracia es una derechización, Nair no lo dice, pero comparte parte del razonamiento, yo particularmente no estoy de acuerdo y creo que es interesante ver que hay diferencias entre la visión de Europa de Jospin o Schröder con la idea que tienen Aznar o Berlusconi, incluso acudiendo al país cuya izquierda es la más denostada por los progresistas europeos, en parte por errores propios, en parte por desconocimiento de la política interna, Gran Bretaña. Los conservadores hubiesen desmontado todos los servicios públicos e impuesto las reglas del neoliberalismo salvaje en un momento de expansión de la economía mundial y de adoración al beneficio ilimitado (nunca conviene olvidar que en 1997 Tony Blair promovió un impuesto que gravaba los sobrebeneficios de los grandes ejecutivos, y lo hizo cuando la economía crecía y mientras se los reducía a las clases medias. Eso es algo que se llama progresividad).

Pero es que además el ciclo adverso para la socialdemocracia tampoco se puede señalar en el caso de los partidos que cita Nair en el 2000. En ese momento Europa, EEUU y los países occidentales estaban gobernados por progresistas y el ciclo continuó durante varios años.

¿Cuando comienza el ciclo descendente del PS francés? No en 2000, si no en 2005 cuando con todo a punto para derrotar a la derecha, el error del PS sobre como afrontar el debate de la Constitución Europea (la mitad del partido públicamente ignoró el apoyo de la mayoría al texto con una contracampaña) le costó credibilidad y le sumió en una crisis de liderazgo e identidad que aún continúa.

¿Qué pasó en Alemania? Que la intransigencia a reformar algo que pedía a gritos la reforma (el modelo social alemán) dividió el SPD con una escisión traumática, yo me pregunto ¿es mejor que el estado del bienestar lo recorte Merkel y los liberales carentes de sensibilidad social o hubiese sido mejor reformarlo desde la idea de mantener un modelo social moderno y prospero tal y como pedía Schröder?. El tiempo lo dirá, pero en 2005 la división del SPD y el infantilismo de algunos sectores encabezados por Lafontaine les llevó a perder la Cancillería.

¿El laborismo? No se puede negar que la disputa de Blair contra Brown ha pasado factura, junto a doce años de gobierno y errores fundamentalmente en la política exterior.

Algo así sucede en Italia, pero agravado por su sistema político que fomenta la inestabilidad con un sistema electoral puro.

En todos estos casos encontramos que el declive tiene una fecha más o menos cercana: 2005 y tiene mucho que ver con la incapacidad de sectores de los partidos de aceptar la innovación, con el abandono de posiciones de liderazgo y el paso a la invocación del voto como si de una hinchada deportiva se tratase, tiene en definitiva mucho que ver con el refugio en la ortodoxia cuando se agota el discurso innovador y con el error fatal de entrar en una dinámica de confrontación interna en los partidos en muchas ocasiones inexplicables para los electores.

El dilema para el socialismo europeo no es si debe volver a la ortodoxia o refundarse, no es ir al centro o a la izquierda, si no que el verdadero reto es ser capaz de generar liderazgos con capacidad de integrar los intereses de sociedades cada día más complejas y poder conformar mayorías y alianzas amplias, dando participación y comunicando de manera eficaz. Para ello más que una nueva revelación cuasireligiosa, yo que soy algo más laico creo que lo que se necesita es seguir apostando por la innovación con espíritu emprendedor, algo que siempre que ha hecho la socialdemocracia, le ha salido bien.

dialogoMedidas como la que ha adoptado el Gobierno de Canadá (Conservador) en relación a establecer mecanismos de toma de temperatura a través de la opinión de los ciudadanos (en el caso canadiense por una Web) para lograr la aprobación de una Ley que incide sobre los derechos de propiedad intelectual, ponen de nuevo de manifiesto el debate de lo que el Diputado Socialista por Madrid, Rafael Simancas, denomina Gobierno a la Carta, en un reciente artículo en su blog.

Simancas señala con cierta razón en su artículo que este tipo de medidas pueden suponer un menoscabo de la legitimidad democrática que tienen las instituciones, vaciar de contenido los programas electorales y en definitiva convertirse en una nueva forma de populismo. El diputado socialista hace suyos los recelos que Tocqueville manifestaba respecto de la participación ciudadana en el sistema americano, diciendo que si todo era deliberativo, el poder sería de las minorías.

Y es cierto que un cierto dogmatismo respecto de la participación ciudadana puede dar pie a formas de populismo, de lo cual dan testimonio los sistemas que en determinados países de américa latina se están implementando, que es pura y simplemente el cercenar derechos a las minorías sobre la base de consultas continuas.  

Afirmar como hacen algunos que la participación ciudadana es la panacea y la solución a todos los males es erroneo, tanto como decir que la participación política se limita al sufragio cada 4 años. En un caso la participación como dogma llevaría a un modelo en el que el que más grite tendrá la razón, en el otro, el sistema político se cosificará.

Parece por tanto más lógico pensar que ambos conceptos no son excluyentes si no complementarios desde el punto de vista del socialismo democrático.

Las instituciones propias de la democracia parlamentaria pueden tener un tenor liberador de la dominación para el ser humano (Gregorio Peces-Barba) justamente ese es uno de los puntos de debate entre lo que denominan los contemporaneos socialismo de los ciudadanos, Peces-Barba socialismo ético, Roselli socialismo liberal y Bernstein revisionismo, con la ortodoxia del socialismo científico. El segundo niega la validez del liberalismo y sus instituciones (Gobierno, Parlamento, poder judicial y derechos fundamentales) considerándolas un instrumento al servicio de la opresión de los trabajadores, mientras que el socialismo a fuer de liberal, considerará que la revolución más efectiva es aquella que desarrolla al máximo los derechos fundamentales a través de leyes aprobadas por parlamentos democráticos y ejecutadas por gobiernos.

A su vez la participación ciudadana permite incorporar elementos de refuerzo de la legitimidad de las instituciones tradicionales a través de sistemas de “toma de temperatura”, puesto que no todo sistema de participación es un plebiscito populista. Podemos ver algún ejemplo de manual que puede ilustrar sobre por qué en ocasiones conviene emplear sistemas de “toma de temperatura”.

El Gobierno del PP desde 2001 desoyó al toda la comunidad universitaria española, con la LOU, algo parecido sucedió con la LOCE un año después y continuó con el decretazo, incluso la Guerra de Irak serviría de ejemplo, en todos estos casos un porcentaje muy elevado de la población, que llega a rozar el 90% en el caso de la guerra contestó con diversas protestas y movilizaciones esas medidas, estoy convencido de que de todos los que se movilizaron contra cualquiera de estas iniciativas, muchos eran votantes del PP, y creo que muchos de ellos han continuado siendolo después.  

No estando, yo, de acuerdo con ninguna esa actuaciones, creo que el Gobierno Popular pensó que la reforma universitaria, imponer itinerarios segregadores en la educación, abaratar el despido, o meter a España en una Guerra en Oriente Medio, eran las mejores decisiones para la buena marcha del país.

Establecer en aquellas decisiones algún sistema de “toma de temperatura” no significa que el gobierno de Aznar no fuese adelante con sus decisiones, ni abjurase de su ideología, creo sinceramente que saber escuchar le habría permitido explicarlas y tratar de convencer a muchos ciudadanos sobre por qué el Gobierno de Aznar pensaba que eran políticas adecuadas, en todos estos casos.

Sin embargo nadie puede negar que el desprecio a quienes protestaban, la soberbia y el fundamentalismo de decir que el programa es sagrado y la mayoría parlamentaria es la única expresión posible de la voluntad popular influyeron en que muchos ciudadanos retiraran su confianza al gobierno de Aznar.

Cuando además se vió que además eran políticas erroneas, el resultado de 2004, diga lo que diga la derecha, estaba más que cantado, iban a salir del poder y Zapatero iba a ser Presidente.

Incorporar la comunicación continua a la forma de gobernar no es nuevo antes al contrario se viene realizando desde hace más de medio siglo cuando la Casa Blanca pone en funcionamiento su Secretaría de Prensa (Costa Badía). Hoy el desarrollo de nuevas formas de comunicación convierten a un ciudadano que cada día más formado e informado es un sujeto con mayor capacidad de crítica, no solo en receptor, sino en emisor de comunicaciones, con capacidad en algunos casos de generar opinión pública.

Es verdad que no se puede caer en lo que alguna mente lucida pretende que es digitalizar todos los procesos de toma de decisiones a modo de asambleas virtuales en las que quien más tiempo libre tenga para escribir en el twitter o agregar adeptos en el Facebook, gane.

Pero a la vez es cierto que las instituciones pueden y deben incorporar mecanismos de escucha y toma de temperatura, para poder ser más pedagógicas en lo que explican, puesto que con ello mejorará la calidad de la democracia.  Hacer esto ultimo no es Gobierno “a la carta” sino simplemente saber escuchar y tener una mejor capacidad de convicción.

Hace unos días el señor A. G. B. -y no es que sea candidato al CNI- nos pasaba un interesante enlace, sobre un vídeo inédito encontrado en la casa de un alcalde de un pueblo de Córdoba durante II República.

Hoy he visto el vídeo en mi ruta habitual y silenciosa por los blogs de izquierdas, en lakomarka con una buena entrada.

El nacimiento de una democracia, la emancipación de las mujeres, el municipalismo empezando por Madrid, etc. Recogidos en imágenes. Todo eso se se empezó a tener y todo eso se perdió. Ya saben que la lucha es perenne.

Nosotros nos quedamos además con dos momentos de Prieto, el discurso en el entirro de Pablo Iglesias y la entrega de la Casa de Campo al Ayuntamiento de Madrid, a través de su alcalde.

Pedro Rico: Infraestructura, vivienda, empleo, centros escolares.

juegodeestrategiapolc3adticaMás allá del dato de los 8000 millones de euros y de los cientos de miles de empleos que va a crear el Plan Zapatero, el Fondo de Inversión Local aprobado por el Gobierno de España es la iniciativa que puede haber realizado con mayor intensidad un cambio en la administración pública española.

Primero porque para tramitar las ayudas del fondo, 8107, de los 8112 ayuntamientos que hay en España han tenido que contar con firma electrónica, lo cual supone que todos nuestros gobiernos locales podrán realizar cualquier trámite sin cruzar un papel y sobre todo en tiempo real, mejorando la eficacia y la transparencia de la gestión administrativa.

Además las Diputaciones han actuado como lo que la Constitución marca que tienen que ser, presatadoras de servicios a los Ayuntamientos, ya que su asesoría ha sido fundamental para tramitar el acceso a la firma electrónica y la presentación de Proyectos, sobre todo de los Ayuntamientos más pequeños, con lo cual la Diputación además ha podido coordinar proyectos para planificar coordinadamente el desarrollo del territorio provincial.

Pero fundamentalmente se ha realizado algo que rompe la lógica de competencia por el territorio en la historia de la Administración Española ya que por primera vez se ha aplicado el principio de subsidiariedad y se ha roto la competencia por el territorio entre administraciones públicas. El Plan Zapatero parte de una premisa, los Ayuntamientos son a la vez entidades autónomas y son Estado, por tanto como herramienta del estado más cercana a los ciudadanos y conocedora de sus problemas inmediatos se les ha confiado la resolución de la crisis desde su autonomía ya que son los Ayuntamientos quienes presentan los proyectos que consideren oportunos a un fondo dirigido a financiar proyectos generadores de empleo, que mejoren la calidad de vida de los vecinos, un fondo transparente y garante de la igualdad en el territorio.

Esta nueva relación entre Estado y Ayuntamientos basada en el equilibrio de que el Estado cuenta con 8112 gobiernos autónomos nivel local y que esa autonomía local siginifica para nuestros Ayuntamientos formar parte de un todo que es el Estado, es algo que cualquier manual calificaría como equilibrio y lealtad federal (bundestreue) curiosamente en España parecería que el federalismo cooperativo ha entrado a partir de la relación entre el Estado y los Gobiernos Locales, mientras que las CCAA en su relación con el Estado siguen teniendo deficits de federalismo cooperativo.

El por qué de esta diferencia radica en que los Ayuntamientos tienen espacios de relación intergubernamental horizontal y vertical consolidados en nuestro sistema político, la FEMP y las Federaciones Territoriales, las CCAA aún dependen de la reforma del Senado.

Los diagnósticos sobre política en España muchas veces se asientan sobre tópicos, uno de ellos es asegurar que algunas comunidades autónomas son sociológicamente conservadoras o progresistas “de toda la vida”.

Este es el caso de Galicia, gobernada durante la mayoría del periodo democrático por el PP, sin embargo estudios sobre la españa republicana citan a Galicia como la región más profundamente republicana del país (Gabriel Jackson “La República y la Guerra Civil Española”; Hugh Thomas “La Guerra Civil Española”).

En efecto los resultados electorales históricos muestran que en Galicia, la presencia de las fuerzas progresistas era importante durante la primera mitad del siglo XX. Sin embargo y a diferencia de lo que sucede en otros territorios de España, la izquierda en Galicia y en concreto el socialismo ha presentado durante todo el siglo XX una fuerte fragmentación.

En concreto se pueden citar tres tradiciones dentro del tronco común del socialismo democrático que darán orígen a diversas formaciones políticas a lo largo del siglo XX.

La primera de ellas sería el tronco republicano-liberal del socialismo gallego, que se incardina en el pensamiento de Proudhon que penetra en la península a través del que fuera Presidente de la efímera República federal, Francisco Pi i Margall, quien traduce sus obras del francés y se inspira en el federalismo cooperativo como base de la organización social para dar forma al Proyecto de Constitución Federal de 1873 (sin duda una de las normas fundamentales más avanzadas que ha tenido España). La vertiente republicano-liberal del socialismo gallego, fundamenta su visión de Galicia como parte integrante de un futuro modelo federal para España y para lograrlo se conformará la Organización Republicana Galega Autónoma (ORGA) un partido pequeño, de voto urbano e ilustrado de ciudades como Santiago de Compostela y que logrará a penas 16 diputados en las Cortes, pero de gran importancia durante la II República Española, ya que participará junto a Acción Republicana y el Partido Radicalsocialista en la formación en 1934 de Izquierda Republicana partido que en 1936 alcanzará en la persona de Manuel Azaña la Presidencia de la República y cuyo lider en Galicia, Santiago Casares Quiroga será Primer Ministro.  

Además en 1879 se funda en Madrid el PSOE, partido que en su implantación en Galicia combina elementos de la tradición republicano-liberal y postulados de corte obrerista, el PSOE gallego será un partido con una importante presencia  en las ciudades industriales como Vigo y A Coruña así como en localidades costeras (con un peso importante del sector pesquero y en muchas de las cuales se instalará la naciente industria conservera traida de Cataluña). En materia de concepción de Galicia, el PSOE se caracteriza por una fuerte presencia en los Gobiernos Locales y apoyará la autonomía, pero a diferencia de otras formaciones gallegas, no sobre la base identitaria, sino como referente de calidad democrática, desarrollo económico y justicia social.

Finalmente en el socialismo gallego también aparece la corriente nacionalista, que centra su reivindicación social en la afirmación de la identidad nacional gallega, esta tendencia cristalizará en la Unión Socialista Galega, nacida durante los años 30, de escisiones de sectores galleguistas del PSOE y de sectores izquierdistas del Partido Galeguista. Este partido compartirá espacio social con la ORGA y en 1934 terminará integrándose en Izquierda Republicana.

La Guerra Civil y la caída de Galicia en manos de los golpistas supondrá la represión de las formaciones políticas progresistas, nacionalistas y de la derecha democrática en el país, que se verán obligadas a reorganizarse en el exilio en torno al Consello de Galiza (gobierno gallego con sede en Buenos Aires) y en el interior, en donde en el campo del socialismo volverán a surgir diferentes formaciones sobre la base de las tres almas del pensamiento socialista en Galicia.

Así pues la tradición republicano-liberal convergerá con el nacionalismo clásico en torno al Partido Galeguista, cuya actividad en Galicia se verá limitada por la creación de la Editorial Galaxia y la apuesta de sus dirigentes en el interior (encabezados por Ramón Piñeiro) de un galleguismo transversal en la sociedad y en todas las formaciones políticas.

El PSOE se mantendrá como organización clandestina en Galicia y en 1977 contará con la incorporación del entorno de Ramón Piñeiro y del entorno del republicano-liberal y del galleguismo histórico del interior en una apuesta por una formación socialdemócrata encuadrada en un proyecto federal para España. 

Por su parte la vertiente nacionalista dará como resultado la creación del Partido Socialista Galego, formación socialista, galleguista y europeísta que encabezará Xosé Manuel Beiras, catedrático de economía de la Universidad de Santiago y que dará a la política gallega nombres de la talla del propio Beiras, Ceferino Díaz y sobre todo el primer Presidente socialista de la democracia en Galicia, Fernando González Laxe. El Partido Socialista Galego no tendrá procesos de fusión con el PSOE, sino que se aproximará al Partido Socialista Popular de Tierno Galván, en cuya federación gallega militaban importantes figuras políticas actuales como José Blanco y José López Orozco, Vicesecretario General del PSOE y Alcalde de Lugo respectivamente.

El desastre en las elecciones de 1977 para el Partido Socialista Galego y la apuesta de la Internacional Socialista por el PSOE como referente en España, creará una división en esta formación que llevará a los sectores más nacionalistas a la apuesta por la concertación con el galleguismo conservador y las formaciones políticas independentistas en torno a un frente que será el germen del BNG, en donde se convertirán en su ala izquierda y bajo el liderazgo de Beiras el BNG logrará ser durante 8 años la segunda fuerza política.

Fernando González Laxe, primer Presidente socialista de la Xunta.

Fernando González Laxe, primer Presidente socialista de la Xunta.

Por su parte las tendencias de corte más socialdemócrata de esta formación, junto con el PSP gallego,  iniciarán un proceso de fusión con el PSdG-PSOE, llegando un antiguo miembro de este partido, Fernando González Laxe a ser el primer Presidente socialista de la Xunta de Galicia en 1987 (gracias a un pacto con el nacionalismo gallego) dichas incorporaciones serán fundamentales en la consolidación del PSdG-PSOE como alternativa de gobierno en Galicia, si bien durante finales de los 90 sufrió un retroceso que le llevó a ser la tercera fuerza política en Galicia, siendo con la elección de Emilio Pérez Touriño como Secretario General el punto de recuperación electoral y de posicionamiento como partido de gobierno sobre la base de un discurso moderno, socialdemocrata y galleguista.

La historia del socialismo gallego tendrá otro momento señalado el 19 de junio de 2005 cuando por segunda vez en la historia un socialista, Emilio Pérez Touriño, presidirá la Xunta en gobierno de coalición con el nacionalismo,  gracias a este cambio político a nivel de país el socialismo gallego experimentará un crecimiento electoral que lleva a que presida las Diputaciones de Lugo y A Coruñá, la Federación Galega de Municipios y Provincias y  gobierne a casi el 70% de la población gallega, ostentando por ejemplo la alcaldía de tres de las cuatro capitales de provincia (y siendo socio del BNG en Pontevedra) así como en la capital autonómica y en ciudades del peso de Vigo, Vilagarcía de Arousa y Marín.

Emilio Pérez Touriño, toma posesión como Presidente de la Xunta de Galicia

Emilio Pérez Touriño, toma posesión como Presidente de la Xunta de Galicia

Fruto de este cambio político sísimico que ha vivido Galicia, en los ultimos 4 años se han producido importantes transformaciones en el país, como la apuesta por las políticas sociales (sanidad desprivatizada y de calidad, escolarización infantil universal, concertación social con sindicatos y empresarios) territoriales (protección del litoral, energías renovables, desarrollo del medio rural y llegada de la alta velocidad) además de estar creciendo económicamente durante esta legislatura varios puntos por encima de la media española y europea, lo cual permite que Galicia esté preparada para seguir creando bienestar y luchar contra la crisis financiera internacional.

“Esperarás como Fabio a que llegue el momento justo, pero cuando llegue golpea con fuerza o tu espera habrá sido en vano”

Fabian Society.

05021unavida_clip_image002Recientemente el historiador peruano Eugenio Chang Rodríguez presentó en la Casa de América su ultimo libro basado en la biografía de Victor Raul Haya de la Torre, fundador de la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA) y de cuyo fallcecimiento se cumplen 30 años en 2009.

Para los europeos en general y los españoles en particular la figura de Victor Raul Haya de la Torre, es bastante desconocida, queda opcada por los grandes nombres que han dominado la convulsa vida política latinoamericana, sin embargo se puede afirmar que el suyo fue el primer intento serio de adaptar el socialismo democrático a la realidad de aquella región.

Dice Ludolfo Paramio que uno de los problemas estructurales para la expansión de la socialdemocracia en América Latina fue que la ausencia de un desarrollo industrial similar al europeo, hizo que el cambio social menos acentuado y que a comienzos del siglo XX en los países del continente aun predominasen sociedades predominantemente rurales, en las que teorías como el anarquismo, exportadas frecuentemente por inmigrantes europeos tuvieron más facilidad de propagación y en las que aún coleaban las luchas entre liberales y autoritarios.

Inspirado en la Revolución Mexicana de 1917 y exiliado en aquel país por una cruel dictadura, Victor Raul Haya de la Torre publicó en una revista próxima al Partido Laborista británico, cinco ideas sobre el modelo latinoamericano de socialismo:

1. Lucha contra el imperialismo y la dominación.

2. Integración política y económica de América Latina.

3. Reforma agraria e industrial.

4. Internacionalización del Canal de Panamá.

5. Solidaridad con los pueblos dominados y oprimidos de la tierra.

Estos principios desarrollados en un interesante libro llamado “El Antiimperialismo y el APRA” suponen el primer intento serio de organizar un modelo partido socialista en América Latina y de estructurar una organización continental, inspirada en lo que es la Internacional Socialista, pero circunscrita a América Latina.

El resultado práctico del trabajo de Victor Raul Haya de la Torre se plasmó en la fundación de partidos de base aprista, que aun hoy gobiernan o son alternativa de poder en varios países de la región destacandose Acción Democrática de Venezuela, hoy transformado en varios partidos de corte socialdemócrata y de facto la oposición más seria a Hugo Chavez, el Partido de Liberación Nacional de Costa Rica, el Partido Socialista Chileno y en su país natal el Partido Aprista Peruano y en la influencia en la fundación del Partido del Trabajo de Brasil. 

Más de 75 años después de la fundación del APRA en México, la historia latinoamericana muestra varios intentos de implantar una izquierda de corte populista en la región que se observan con mucho interés en Europa, principalmente cuando se dedican a realizar gestos desafiantes ante el poder norteamericano, sin embargo llama la atención que a pesar de que esta izquierda combinada con populismo suele tener una duración limitada en el tiempo, las formaciones políticas fundadas bajo el prisma de Haya de la Torre, más pragmáticas, radicalmente democráticas, pero firmes en sus valores, se mantienen, gobiernan y realmente transforman sus sociedades, inmplantando sistemas socialmente más justos que las liberan de la dominación interna y externa.

El debate abierto en España, respecto la financiación autonómica, tras las reformas estatutarias culminadas entre 2005 y 2007, pone de manifiesto una acentuación del carácter federal del Estado, ya que por primera vez se asiste dentro de todas las formaciones políticas de ámbito nacional a un debate centro-periferia, o a una tensión entre la agenda politica autonómica, con la agenda política federal o estatal.

Fruto de nuestra falta de experiencia federal, se está provocando un debate absurdo entre quienes se enrocan en posiciones de ferrea defensa de una homogeneidad en las políticas de las 17 CCAA y aquellos que demandan que la autonomía significa un espacio intocable de competencia y prestación de servicios, en la que aquello que recaudo en mi territorio lo gasto yo, lo cierto es que ni una postura ni la otra están en lo cierto y a la vez ambas presentan elementos acertados de diagnóstico.

Por un lado es lógico y la Constitución lo proclama (artículo 149.1.1º) que tiene que existir un mínimo común denominador en derechos y obligaciones para todos los ciudadanos del Estado, por otro lado autonomía significa la capacidad de prestar servicios o garantizar derechos de manera particularizada y adaptada a las particularidades de cada territorio, de hecho la existencia de políticas públicas territorializadas y no homogeneas desarrolladas por las CCAA o las EELL en su ámbito de competencia ha sido avalado por el Tribunal Constitucional.

Esta tensión a nivel financiero supone que las CCAA, para poder tener gobernabilidad (entendida como la capacidad del Gobierno de dar respuestas a las demandas ciudadanas) tienen que tener financiación suficiente para desarrollar sus políticas propias, pero también tienen que tener financiación suficiente para evitar desestructuración territorial y la existencia de espacios de desigualdad como por ejemplo sucede en Italia, dado que los nuevos Estatutos consolidan transferencias que desde 1992 han sido traspasadas por el Estado a las CCAA, los gobiernos exigen respaldo financiero para desarrollarlas.

Si atendemos a lo que sucede fuera de España donde existen multitud de Estados Federales, similares a nuestro Estado de las Autonomías, el proceso de resolución de este tipo de conflictos, principalmente relacionados con la financiación, se ha basado en el desarrollo de una práctica que Roberto destacaba en su blog, con su denominación alemana, el bundestreue, es decir la lealtad federal, vamos a ver algunos casos:

Bundestreue

 

I. ESTADOS UNIDOS.

El federalismo estadounidense se basó tradicionalmente en la existencia de dos niveles de gobierno, federal y estatal y la no injerencia de uno sobre otro, el desarrollo del New Deal de Roossevelt coincidente con el nacimiento de las relaciones intergubernamentales generó en determinados ámbitos de actuación política (infraestructuras, asistencia social, sanidad y educación) la necesidad de equilibrar el desarrollo específico de cada Estado, con la cohesión de la federación, para ello los diversos conflictos que surgieron entre el centro y la periferia se resolvieron con el reconocimiento y desarrollo jurisprudencial por parte del Tribunal Supremo federal, del concepto de “federalismo cooperativo” que obligaba a la federación a garantizar a los Estados recursos financieros suficientes para ejerecer su autogobierno y éstos a su vez se obligaban a contribuir al bienestar del país compartiendo su riqueza.

II. CANADÁ.

En Canadá al igual que en los Estados Unidos el principio se ha desarrollado por los diferentes Tribunales, en la práctica de resolución de conflictos entre las Provincias y el Gobierno Federal durante el desarrollo del Estado del Bienestar y principalmente a la hora de articular las relaciones entre la federación y la provincia de Québec.

III. ALEMANIA.

El sistema federal alemán por su parte ha reconocido el principio de la bundestreue, sobre la base de su desarrollo consuetudinario en la práctica política y la jurisprudencia constitucional. En Alemania la lealtad federal tiene dos dimensiones, por un lado el respeto obligado que los länder tienen que prestar a la normativa federal garante de la igualdad mínima entre los ciudadanos, de otro, la federación no puede imponer políticas sin escuchar y hacer partícipes a los diferentes länder, para ello se estimulan los órganos de cooperación bilateral, pero sobre todo multilateral.

IV. AUSTRIA.

El principio de lealtad federal tal y como se entiende en Alemania, se reproduce en el modelo federal Austriaco. En ambos casos el desarrollo de la lealtad federal se ha vinculado a la implementación del Estado del Bienestar tras la II Guerra Mundial.

V. SUIZA.

La Confederación Helvética ha reconocido la lealtad federal en su Constitución en 1999, sobre la base de 4 principios :

1.       La Confederación tiene la prohibición de delegar competencias a los Cantones, si éstos carecen de recursos económicos suficientes para asumirlas.

2.       Los Cantones no pueden conformar relaciones entre ellos con el objetivo de alterar los equilibrios y para presionar al gobierno federal.

3.       Las relaciones de los Cantones con el Gobierno Suizo se fundan en la confianza cooperativa y la visión de conjunto.

4.       El gobierno federal tiene la obligación de informar y consultar a los Cantones, antes de tramitar cualquier iniciativa legislativa y presupuestaria.   

 

España, por tanto no es una excepción, el debate en torno a como se estructura la relación entre los territorios y el gobierno central se da a medida que se desarrolla el Estado del Bienestar (y por tanto se centra en la distribución de los recursos entre los territorios) y tal y como sucede en Canadá, se produce por la existencia de regiones con una situación identitaria específica. Además tal y como sucede en los países indicados, estas tensiones afectan a la unidad y lealtad partidista de los gobiernos regionales, ya que la autonomía tiene una dimensión política que genera agendas y dinámicas políticas propias en cada territorio, que a veces entran en conflicto con el gobierno del Estado, del mismo color político.

 

Sin embargo al final, en EEUU, Canadá o Alemania, el Partido Demócrata, el Liberal o los Socialdemócratas ni los Republicanos, Conservadores o Democratacristianos, se rompen cada vez que hay este tipo de tensiones, antes al contrario el sistema político federal experimenta un debate, del cual suele salir fortalecido, la diferencia entre estos países y España se basa por un lado en que en todos ellos prima una visión multilateralista y de conjunto (no excluyente de las relaciones bilaterales, mientras que en España la multilateralidad es la excepción) y de otro existe un Senado Federal en la que los Estados, länder, Provincias o Cantones, participan como tales en la conformación de las leyes (por tanto también en el presupuesto) y de la voluntad federal (en España el Senado no es territorial).

 

Por ello en España no hay que preocuparse y hay que ver este debate como algo normal que si consigue reforzar los mecanismos multilaterales e impulsar la reforma del Senado, fortalecerá nuestro sistema autonómico.

Un gobierno democrático que quiera considerarse legítimo no puede violar estos derechos humanos a su conveniencia. Como ya hemos dicho antes -y como se sigue más de otras obras de Dworkin o del análisis de Andrea Greppi sobre nuestro autor en su Concepciones de la democracia en el pensamiento político contemporáneo – el propio sistema necesita respetar unos principios universales que no admiten arbitrariedad ni negociación, porque estos dan la propia estabilidad al sistema y permiten cumplir sus objetivos generales. Vamos, que no es posible la democracia de hombres libres e iguales si el gobierno se permite tratar a las personas a su conveniencia, aunque sea con el apoyo de la mayoría. Algo parecido recogíamos de Pettit en una entrada anterior.-

La falta de derechos sobre los detenidos y encarcelados -Guantánamo-, la indulgencia con las torturas -Abu Ghraib- y las penas de muerte, merman el carácter de una nación. Es una renuncia inmoral que además tiene consecuencias para el resto de la sociedad -vivir bajo un sistema con menos garantías y con la brecha abierta de la arbitrariedad gubernamental. Hoy les toca a ellos mañana te puede tocar a ti.

[ Aunque este no esta no es la posición de peso de Dworkin, que no apela a que la arbitrariedad puede volverse en contra de todos , transformando una nación de hombres libres en La Corte del Zar Rojo, ni tampoco explora el argumento de que juicios rápidos y sin garantías, crearían el clima de mayor inseguridad para todos imaginable- donde una nueva Inquisición de la señora Democracia, como antes lo era también de lo más puro, Dios, podría convertirse en el mayor enemigo de todos, caso por caso, casa a casa, enemigo a enemigo del gobierno- Argumentos, que como veíamos con Pettit, siguiendo a Maquiavelo y Cicerón, demostraban que la República bajo derechos es la única forma de seguridad para el ciudadano, que se puede dedicar a sus propios asuntos sabiendo que unos principios legales le protegen de los poderosos. Sintetizando, sin derechos no hay calculo seguridad posible, porque el día que el poderoso o el gobernante decida macharle usted no podrá hacer nada. ]

Para Dworkin más bien es una cuestión de principios que de seguridad y ciudadanía. Y en último término de honor. No podemos aceptar estas violaciones porque la seguridad no vale tanto como para el honor, si de verdad queremos ser hombres libres.

[ A mí, esta invocación del honor, si bien me atrae por otro tipo de valores, no creo que sea la mejor razón sistemática. Porque al fin y al cabo el concepto honor se puede sustituir por lo mismo que pretende justificar: el segundo principio de la dignidad, el ser responsable de la propia vida, convirtiendo la explicación sería un círculo muy pequeño: Si tienes como derechos la propia libertad no puedes permitir que se lo quiten a otros, sería un deshonor, porque en vuestra humanidad sois iguales.

Prefiero decir que este honor, o esta capacidad y derecho de elegir la propia vida, estaría puesta en cuestión, por acciones arbitrarias, y que no sólo la libertad está en peligro, sino la propia integridad física. No es que renunciáramos al honor, es que tarde o temprano otros nos lo quitarían. Prefiero argumentarlo así, porque el argumento de Dworkin necesita de una empatía con respecto del resto que tengo mis dudas de que sea universal -por desgracia-Sin embargo creo que cierta forma de egoísmo, o el mirar primero por uno mismo y la empatía por los muy cercanos, está mucho más entendido, y saberlo explotar, puede permitir tanto o más que la empatía con toda la humanidad, en términos de justicia y libertades. ]

2025787_550x550_mb_art_r0.jpgUna de las mitificaciones del proceso norteamericano de primarias es la idea de que los candidatos son elegidos por votación directa en algunos casos como Iowa o Nevada de cualquier ciudadano, en otros como New Hampshire de los votantes que se registran como simpatizantes de un partido.

 Pues bien no es cierto, en las primarias de los estados no se vota al candidato, sino que se eligen a los delegados que representarán a cada Estado en la Convención Nacional de cada partido. En este sentido cada partido es libre de organizar la representación de los Estados en su Convención y la asignación de delegados obedece a razones diversas (población, afiliación…). En este supermartes los demócratas se juegan en 24 Estados cerca de 2000 votos en la Convención, mientras que los republicanos elegirán a poco más de 1100 delegados.

El sistema de primarias fue establecido ante las continuas manipulaciones que los aparatos del Partido Demócrata y del Partido Republicano, realizaban para elegir delegados a las Convenciones, lo que dió lugar a que Theodore Roosvelt se escindiese del Partido Republicano, fundando el Partido Progresista que fue el primero en establecer un sistema de elección por primarias, que la práctica y la buena acogida, unido a un número infinito de manipulaciones en los tribunales por la asignación de delegados, llevaron a Demócratas y Republicanos a establecer este sistema y a los Estados a regularlo legislativamente.

Por tanto las características de las primarias en los Estados Unidos es que son un proceso de elección indirecta, similar al que en los partidos europeos se realiza cuando se eligen delegados a sus Congresos, pero que presenta varias particularidades:

+ Nace como reacción de desconfianza hacia los aparatos de los partidos mayoritarios, que manipulaban la elección de delegados a sus Convenciones Nacionales, en un país que como Estados Unidos tiene un sistema político de elección uninominal y que desde su nacimiento desconfía de los partidos políticos, de hecho Jefferson promueve que la Constitución americana ni siquiera los mencione.

+ Está regulado legalmente por cada Estado que además supervisa y certifíca el proceso, de manera que ha devenido en obligatorio para todos los partidos. Esto ha generado cerca de 50 sistemas de elecciones primarias pero grosso modo se pueden resumir en tres: abierta (vota cualquier ciudadano, por ejemplo en el Caucus de Iowa) semi-abierta (votan los ciudadanos registrados como simpatizantes de uno u otro partido como sucede en New Hampshire) o cerrada (solo votan los militantes).

+ Los partidos gozan de una amplia autonomía a la hora de asignar delegados a los Estados, pudiendo anular la participación de los delegados de los Estados si estos, como ha pasado recientemente deciden unilateralemente y sin contar con la dirección de los partidos, adelantar o retrasar las elecciones. Además en el caso del Partido Demócrata existe la figura de los superdelegados, que es un colegio de delegados que se designan desde la dirección demócrata directamente como participantes en la Convención.

Finalmente también es importante señalar que los delegados elegidos en las primarias, no acuden a la Convención con mandato imperativo y de hecho son frecuentes los cambios de votos y la indisciplina, principalmente en el Partido Demócrata. A modo de ejemplo de ello en la Convención Demócrata de 1968 Hubert Humpreys, entonces Vicepresidente de Lyndon Johnson, que ni siquiera se había presentado a las primarias fue designado candidato a la presidencia, debido a la influencia del Alcalde de Chicago y de los superdelegados sobre los delegados elegidos por las estructuras estatales.

Un sistema interesante que aunque no difiere tanto de los europeos, a veces suscita ansias de reforma en los partidos europeos para asemejarlos a los norteamericanos, en esto hay un par de buenas lecturas de José Antonio Gomez Yañez “Partidos sin Ley” y “Primarias” publicadas en El País, pero ese es otro debate….

EL DERECHO Y LA LIBERTAD

[Léase teniendo en mente la manipulación del valor libertad que hace la derecha, especialmente Esperanza Aguirre, Rajoy y Aznar. Cuando acusan falazmente al gobierno de legislar entrometiéndose en las libertades individuales.

Creo que la principal batalla ideológica ante las próximas elecciones generales -y por tanto la piedra de toque fundamental , por mucho que digan los gurus de la gestión y los gráficos-va a estar en torno al concepto de libertad. Batalla que va a estar llena de trampas mediáticas difíciles de evitar si no se prepara un solido discurso previo.]

Ahora entra en escena esa parte de la teoría política republicana que ha sido acusada restringir las libertades individuales y de implementar un ideal de libertad positivo: El derecho. Pero como ya señalamos, esta parte no es el ideal de libertad, sino su salvaguardia, su recubrimiento. Que además procura recoger los intereses y las opiniones de los afectados, en las normas que dicta. Y que será controlada gracias a un sistema que balancea poderes y que procura un control democrático sobre quien escribe las reglas.

Los republicanos sostienen que el derecho propiamente constituido es constitutivo de la libertad (…) De acuerdo con la más temprana doctrina republicana, las leyes de un estado factible, y en particular, las leyes de una república, crean la libertad de que disfrutan los ciudadanos; no mitigan esa libertad, ni siquiera de un modo ulteriormente compensable.(P.57)

Una idea para entender lo anterior sería diferenciar entre reglas impuestas por una autoridad arbitraria y reglas que aseguran derechos de los ciudadanos. Tener derechos pasa por tener las leyes que los describen y los protegen. Y tener un derecho es tener la opción de actuar de una determinada manera si así uno lo quiere. Sí un minusválido quiere ir a la universidad tiene que tener el derecho de hacerlo y las opciones tienen que ser reales, y por tanto tiene que tener leyes que propicien esa opción, como la de hacer accesible las infraestructuras de transporte o los edificios universitarios. Sí no existen leyes de este tipo difícilmente un minusválido puede tener la libertad de ir a la universidad.

La línea seguida por los republicanos se revela en su concepción de la libertad como ciudadanía o cívitas. La ciudadanía es un estatus que sólo puede existir bajo un régimen adecuado de derecho: como dice un comentarista de la tradición republicana, << el rasgo capital de la civitas es el imperio de la ley>> (Viroli) (…) De manera que la libertad es vista en la tradición republicana como un estatus que existe sólo bajo un régimen jurídico adecuado. (Pag.57)

Además Pettit para proteger de las leyes de la arbitrariedad establece un control a partir de intereses y opiniones de los afectados:

Huelga decir que las leyes sólo hacen eso mientras respeten los intereses y las ideas comunes del pueblo y se atengan a la imagen de un derecho ideal: mientras no se conviertan en los instrumentos de la voluntad arbitraria de un individuo o grupo. Cuando las leyes se convierten en los instrumentos de esa voluntad, entonces, de acuerdo con la tradición, nos las vemos con un régimen -el régimen despótico del monarca absoluto, pongamos por caso- en el que los ciudadanos se convierten en esclavos y se ven enteramente privados de su libertad. (P.59)

Idea con la que me permito no estar de acuerdo con Pettit, al menos en parte, porque veo imposible respetar intereses e ideas comunes cuando se construye o se desarrolla una sociedad desde la política y el derecho. En el indefectible cambio de toda sociedad está que los intereses y opiniones cambian a cada movimiento. E introducir normas legislativas ya constituye un cambio del sistema y por tanto de los intereses que hay en él. Otra cosa es legislar de acuerdo a una perspectiva que de acuerdo a unos valores respeta la cohesión social y procure no ejercer injusticias a los particulares mediante sus cambios -cosa que quizás queda recogida en su expresión: se atengan a la imagen de un derecho ideal -

Este papel del derecho, y el poder que otorga a los cargos políticos, aparte de atender a intereses y opiniones, es, además, controlado gracias a un sistema que balancea poderes, asegura la el carácter representativo y procura rotar las personas de los puestos de poder.

Yo lo resumiría en dos puntos: corrigiendo un poco a Pettit a) Generalización de intereses y opiniones, y b) Control entre los diferentes poderes y la democracia.

CONTRA LA LIBERTAD REPUBLICANA.

Este ideal sufrió su mayor ataque en el siglo XVIII por parte del filósofo Thomas Hobbes. Para él la libertad era cosa de no interferencia, más que de no dominación. Un hombre libre <<es quien no se ve impedido de algo que quiera hacer en aquellas cosas para las que le capacitan su vigor y su ingenio>> La libertad era definida como ausencia de coerción. Con esta definición llegaba a la conclusión de que todo derecho era restricción de libertades. Y con ello podía justificar una equiparación entre gobierno republicano y despótico, porque los dos tenían que dictar leyes que menoscababan la libertad de sus súbditos.

- Si aceptamos las premisas de Hobbes, y añadimos que en sociedad nuestras acciones, casi diría por necesidad, interfieren en las de los demás, tenemos que libre sólo puede ser aquel que domine a todos atemorizándoles de tal modo, ya sea por violencia directa o indirecta, que ninguno se atreva a cruzarse en su camino, o se aparte de él. Con esta concepción sólo puede ser libre el que es un lobo para los demás; el lobo más peligroso y despótico -
Hobbes sacó la libertad de las leyes, como dice Pettit:

Su objetivo último era la defensa del estado autoritario, y servía bien a sus propósitos el poder argüir que no había conjunto algo de leyes que estuviera particularmente asociado a la libertad (P. 60)

Para Hobbes y posteriores seguidores suyos seguidores suyos como John Lind -panfletista del Primer Ministro- la argumentación pasaba por demostrar que en un régimen republicano y en uno absolutista las personas iban a tener las mismas libertades, teniendo por el contrario el absolutista un mayor número de beneficios de otro tipo. Así las colonias americanas no podían quejarse de tener una libertad menor que la que disfrutaban los habitantes de Gran Bretaña.

Esta equiparación tuvo su contestación por parte de los republicanos de la época, aclarándole que el derecho de una república no es ni siquiera un mal menor que restrinja unas libertades para mantener otras, sino que está hecho para desarrollar y proteger libertades.

Contestó Harrington en su Oceanía:

 Para Harrington, la libertad en sentido propio es la libertad merced a las leyes, a las leyes -esa es la libertad en el sentido de la ciudadanía- mientras que la libertad respecto de las leyes tiene una relevancia menor. (P.61)

Harrignton: <<un imperio de leyes, no de hombres>>

Y Price:

<<no es… la mera posesión de la libertad lo que permite llamar libres a un ciudadano o a una comunidad, sino la seguridad de poseerla que dimana de un gobierno libre…, según se da éste cuando no existe ningún poder que pueda anular la libertad>> (P.62-63)

¿Por qué este choque? ¿Quién tiene razón? ¿El derecho promociona y protege libertades o las anula al imponer normas? La confrontación no viene de la concepción del derecho sino sobre lo que se aplica. Para unos, los republicanos, se aplica sobre una sociedad donde se pueden dar situaciones de dominación, donde hay personas que teniendo una idea de cómo llevar su vida, pueden verse sometidos a la arbitrariedad de los poderosos; para otros, como Hobbes y sus herederos, se aplica sobre una libertad natural que tienen todos los hombres y que en sociedad es restringida. Libertad natural, que para mí tienen que ver más con una mala metáfora zoológica -como esos documentales televisivos sobre animales, donde el narrador cuenta una melodramática historia de una familia de leopardos- que con una concepción sería del hombre y su nicho social.

Quizás contrarrestar las ideas de Hobbes de una forma efectiva sin caer en sus trampas, pase por negar la existencia de este libre y salvaje hombre natural preocupado con lo que el estado podía hacer con él, más que nada porque nunca existió en la historia de la humanidad. Este hombre en estado de naturaleza salvaje, siendo un lobo para otros hombres, nada tiene que hacer si se atiende por un momento a la aristotélica premisa de que el hombre es un animal político -y no una fiera devorada- por naturaleza.