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Pettit continúa el capítulo defendiendo que en la historia del republicanismo la libertad no ha sido de carácter positivo como se podría desprender de aquellos que aceptan la distinción que explicábamos en la entrada anterior. Al contrario, su libertad aparece en la mayoría de las veces como una negación de la dominación y alcanza su estado afirmativo en el derecho, dictado para garantizar esa libertad.
Históricamente la libertad republicana tiene ya presencia en la libertas romana, que fundamentalmente era protección y seguridad de lo privado a través de garantías públicas. Era institucionalizar la seguridad. Más que la participación -demostrado por el hecho de que podían existir cívitas, ciudadanos de Roma, sin derecho a voto, pero igualmente entendidos como plenamente ciudadanos- lo importante era la protección de los ciudadanos a través de las instituciones.
Maquiavelo prosiguió esta tradición que entiende el deseo de libertad no como un deseo de dominar sino de no ser dominado:
[El pueblo] Una pequeña parte de ellos desea ser libre para mandar, pero todos los demás, que son incontables, desean la libertad para vivir en seguridad. Pues en todas las repúblicas cualquiera que sea su forma de organizarse, no pueden alcanzar las posiciones de autoridad sino a lo sumo cuarenta o cincuenta ciudadanos. (P. 48)
El hilo de esta libertad sigue con los inspiradores de la Revolución Norteamericana, los hombres de la Commonwealth y especialmente los autores de las Epístolas de Catón:
La libertad verdadera e imparcial es, pues, el derecho de todo hombre de seguir los dictados naturales, razonables y religiosos de su propio espíritu; de pensar lo que quiera, y de actuar según piense, siempre que no actúe en perjuicio de otro; a gastar el mismo su propio dinero, y a disponer a su modo del producto del producto de su trabajo; y a trabajar para su propio placer y su propio beneficio. (Trenchard y Gordon) (Pag. 49)
Vemos que en la tradición republicana prima la libertad cívica sobre la libertad política. Prevalece la libertad de los ciudadanos que no quieren verse sometidos al arbitrio de los poderosos, sobre la libertad de los que quieren acceder a la participación política. Libertad que sólo es ensalzada en la medida que la democracia es la mejor garantía de la libertad cívica.
Como dirá Joseph Priestly:
Cuanta más libertad política tiene un pueblo, tanto más asegurada está su libertad cívica.
Remarca Pettit:
El control democrático es ciertamente importante en esta tradición, pero su importancia le viene, no de su conexión definicional con la libertad, sino del hecho de que sea un medio de promover la libertad. (P.50)
Tras leer esto podemos entender que para nuestro autor la democracia es algo que encuentra su encaje en la arquitectura del sistema y no en el concepto de libertad. Que además se protege del populismo.
Pensar que la democracia es el mejor medio de tener libertad no implica caer en su forma viciada, el populismo, donde todo se reduce a la razón del pueblo -que como no, sólo puede salir de la boca del líder máximo- Esta confusión populista de lo que significa la democracia la vemos cuando al defender cambios progresivos y al aceptar la razón de estado en forma de derecho, puede verse tachado, por los que se creen los guardianes de la izquierda auténtica, de ser la derecha disfrazada. Así el populismo acusa de conservador a un republicanismo que cree que la mejor manera de mantener la libertad es tener un derecho que garantice la no-dominación.
Pettit siguiendo al historiador F.W. Maitland
Si la teoría convencional lleva a una democracia idealmente perfecta -a un estado en el que sólo lo que la mayoría quiere que sea ley, y nada más, se convierte en ley-, entonces lleva a una forma de gobierno, bajo la cual el ejercicio arbitrario del poder es del todo punto posible. (P.51)
[Siguiendo esto se entiende la aprobación del matrimonio entre homosexuales independientemente de si esto era voluntad de la gran mayoría o no, es un ejemplo de republicanismo que no cae en el populismo ni necesita de él.
En cambio, el multiculturalismo político encarnado en grupos de identidad como agentes políticos es una postura política completamente alejada del republicanismo. Ni permite el control democrático de la mayoría sobre las políticas que promuevan como grupos de presión, porque la identidad es intocable y sus hijos políticos más aun, ni permite salvar al individuo de la identidad del grupo -es decir de la que dicta el líder o el experto universitario- El multiculturalismo político pone la identidad por encima de la ley, o como mucho, a la ley al servicio de la diferencia y no de la libertad.
Por supuesto que esto no es rechazar el multiculturalismo social, que es una cosa completamente diferente, y que produce lo contrario que su hermano político: la heterogeneidad dentro de una misma sociedad. No es lo mismo una piedra donde los diferentes componentes nunca se mezclarán, teniendo cada uno su espacio -su poder- que una mezcla donde sus partes están entrelazadas inseparablemente y por tanto se deben unas a otras.]
AMO Y ESCLAVO
Este aspecto negativo, de rechazo a la sumisión, le viene al republicanismo de la dialéctica del amo y el esclavo.
Hay dos razones para pensar que la concepción de la libertad como no-dominación es la noción de libertad que se halla en la tradición republicana. La primera es que en la tradición republicana, a diferencia del punto de vista modernista, la libertad se presenta siempre en términos de oposición entre liber y servus , entre ciudadano y esclavo. La condición de libertad se ilustra con el estatus de alguien que, a diferencia del esclavo, no está sujeto al poder arbitrario de otro, esto es, de alguien que no está dominado por el poder arbitrario de ningún otro. Así, la condición de libertad queda ilustrada de modo tal, que puede haber pérdida de libertad sin que se dé interferencia real de tipo alguno: puede haber esclavización y dominación sin interferencia, como en el ejemplo del amo que no interfería. (P.52)
La persona libre era más que un servus sine domino, un esclavo sin amo que puede ser adquirido por cualquiera; el liber era, necesariamente, un civis o ciudadano, con todo lo que esto implicaba en punto a protección frente a interferencias. (P.52)
-Negrita mía. Por cierto, intenten entender la lucha obrera de los siglos XIX y XX, como una lucha por la libertad que evite plegar su vida a los deseos del patrón en vez de entenderlo como un ideal primordialmente igualitario-
El ciudadano es alguien que está protegido para no llegar a ser un esclavo -Está protegido de la arbitrariedad, mediante las leyes de la República-
Pero el lenguaje poralizado de la libertad y la servidumbre no llegará a expresarse cabalmente sino en los desarrollos republicanos ingleses y americanos del legado republicano. James Harrington (…) subraya el contraste cuando resalta la necesidad de que, para ser libre, una persona disponga de recursos materiales: << el hombre que no puede vivir por sí mismo tiene que ser un siervo; pero quien puede vivir por sí mismo, puede ser un hombre libre>>; la esencia de la libertad es no tener que soportar esa dependencia y esa vulnerabilidad. (Pag.53)
-Negrita mía. Por cierto, intenten entender la Ley de Dependencia a la luz de las negritas, como un ideal de libertad más que igualitario-
<<La libertad consiste exclusivamente en una independencia respecto de la voluntad de otro, y entendemos por esclavo a un hombre que no puede disponer de su persona ni de bienes, sino que lo disfruta todo según el arbitrio de su amo>> (P.53)
Autores de las Epístolas a Catón (Trenchard y Gordon):
Libertad es vivir de acuerdo con los propios criterios; esclavitud es limitarse a vivir a merced de otro; y una vida de esclavitud es, para quienes pueden soportarla, un estado continuo de incertidumbre y desdicha, a menudo una cárcel de violencia, a menudo un persistente pavor a una muerte violenta.(Pag.54)
Commonwealth:
Muchos hombres de la commonwealth de comienzos del siglo XVIII se sirvieron de la retórica de la libertad y la servidumbre para celebrar la emancipación respecto del absolutismo de los Estuardo y para denunciar las maquinaciones del gobierno en la política interior. No les importaba a los hombres de la Commonwealth que el gobierno criticad fuera Whig; el poder siempre era peligroso, el poder necesitaba vigilancia permanente (…) Pero a medida que avanzaba el siglo XVIII, una nueva causa solicitó la atención de los hombres de la Commonwealth: la causa de la colonias americanas, y en particular, las protestas contra los impuestos recaudados por un gobierno sobre el que las colonias no tenían control alguno. Claramente, había aquí gente que vivía a merced de una voluntad ajena y potencialmente arbitraria: la voluntad del parlamento británico. Aquí había, como no podían menos de verlo los devotos de la tradición, un pueblo encadenado a los grilletes de la esclavitud, un pueblo ilibre. (P.54)
Hay una izquierda que cree en la libertad como el valor fundamental de su concepción política que a su vez no está dispuesta a mirar a otro cuando se producen injusticias, y que mucho menos mostrará indiferencia ante tales agravios escudándose en la libertad formal, como sí hace el liberalismo de derechas. Posiblemente sea la misma izquierda que entendiendo que la legitimidad viene de eso llamado pueblo, no está dispuesta a legitimar proyectos donde en nombre de la mayoría se ejerza la dictadura, donde se anulen los mecanismos de representación y control de poderes o se interrumpan derechos individuales en vistas a un futuro mejor -utópico-.
Esa izquierda que tiene que ir a caballo entre las posturas liberales y ciertos posicionamientos sociales de denuncia, tiene en el republicanismo de Pettit una oportunidad de estabilidad teórica. Con él abraza la libertad desde un principio, pero no como la no-intervención en los asuntos de las personas, sino como no dominación. Es decir, admitiendo que a veces tiene que intervenir para corregir situaciones de sometimiento, pero sabiendo que esa acción positiva no puede ser arbitraria, sino que tiene que responder a un principio general. A su vez no tiene porque rechazar la idea de estado ni supeditarla a la del pueblo, porque encuentra en el estado el dispositivo necesario para que las mayorías no tiranicen a las minorías o para que haya espacios para el control público y la libre expresión -Una nota, bajo estos supuestos, el republicanismo no aceptaría postulados populistas como los que algunas veces efectúan algunos miembros de la izquierda alternativa, poniendo en cuestión toda la arquitectura estatal. Lo digo porque no tiene sentido negar la idea de estado y a la vez enarbolar la bandera de la II República-
Contra el liberalismo:
La tradición republicana -eso trato de argüir- comparte con el liberalismo el presupuesto de que es posible organizar un estado y una sociedad civil viables sobre las bases que trascienden a divisiones de tipo religioso y afines. En esa medida, muchos liberales harán suya la tradición republicana. Pero en las dos últimas centurias de su desarrollo, el liberalismo ha venido siendo asociado, en la mayoría de sus variantes más influyentes, con la concepción negativa de la libertad como ausencia de interferencia y con el presupuesto de que no hay nada inherentemente opresivo en el hecho de que algunos tengan poder de dominación sobre otros, siempre que no se ejerzan ese poder ni sea probable que lleguen a ejercerlo. Esta relativa indiferencia al poder o a la dominación ha vuelto al liberalismo tolerante respecto de otras muchas relaciones -en el hogar, en el puesto de trabajo, en el electorado y en otros sitios- que el republicano está obligado a denunciar como paradigmas de dominación e ilibertad. Lo que ha venido a significar que, si muchos liberales se preocupan de la pobreza, de la ignorancia, de la inseguridad, etc., lo hacen, por lo común, movidos por compromisos independientes de su compromiso con la libertad como no interferencia (por un compromiso con la satisfacción de las necesidades básicas, o con la realización de una cierta igualdad entre la gente, pongamos por caso) (p.26)
La no-interferencia se puede volver en legitimación de injusticias, y por tanto de una situación de dominación, que necesitan de una acción positiva para su corrección. En España tenemos un ejemplo con la ley de Igualdad, donde la oposición se hace bajo pretendidos supuestos liberales -que no son más que un disfraz de un programa conservador- Otro ejemplo del absurdo a donde puede llevar la libertad como no interferencia nos los ofreció nuestro Ex Presidente del Gobierno José María Aznar, cuando reclamaba poder conducir libremente por las carreteras, sin el control del estado, aunque fuese bajo los efectos del alcohol. Si bien, repito, el liberalismo en los dirigentes de la derecha de nuestro país no es auténtico, es una cortina de humo de otro tipo de programa neoconservador cercano a lo que hay en EEUU ahora gobernando, porque sino ya se cuidarían de no estirar sus valores hasta el límite de la ruptura y el ridículo.
Contra el populismo:
De acuerdo con esos enfoques [los populistas], el pueblo, colectivamente representado, es el amo, y el estado, el siervo, con lo que se viene a sugerir que el pueblo debería delegar en los representantes y en los funcionarios estatales sólo cuando fuera estrictamente necesario: la democracia directa o asamblearia, o plebiscitaria, resultaría la opción sistemáticamente preferida. La tradición republicana, en cambio, ve al pueblo como fideicomitente, tanto individual como colectivamente, y ve el estado como fiduciario: en particular, entiende que el pueblo confía al estado la tarea de administrar un poder no-arbitrario. De acuerdo con esto, la democracia directa puede a menudo convertirse en una cosa muy mala, en la tiranía de la mayoría. (p. 26)
Para el republicanismo ni el pueblo está por encima del estado, ni el estado puede ser arbitrario con el pueblo. Esto exprimido un poco más tiene mucho sentido si entendemos pueblo como una masa de individuos y estado como una ciudadanía organizada. El control de las injusticias será más eficaz en un medio inteligente, como es el estado, y será nulo allí donde no hay articulación y si marejadas compulsivas, como entre las masas.
Además recordemos que los gobiernos populistas tienden a intervenir arbitrariamente muchas veces buscando la defensa de sus intereses, arguyendo su actuación en nombre del bien del pueblo, cuando en verdad, tras las actuaciones de este tipo, las situaciones de dominación que sufren las clases más populares no remiten ni lo más mínimo. Sin embargo el republicanismo sí que atiende a las intuiciones que lleva a muchos a abrazar el populismo, que son hacer que la gente corriente pueda ejercer un control del gobierno y que vean a través de ello sus intereses recogidos en los planes del estado. Además, si algo potencia el republicanismo es que la sociedad civil se vuelva activista y no renuncie nunca al control del poder, porque de ese control depende su libertad. Siendo esta una dialéctica perpetúa entre la persona libre y el poder.


“Sucede que a veces la socialdemocracia parece enferma, pero mientras algunos comienzan a alegrarse de la desaparición del enfermo y a pensar en el día después, éste contra todo pronóstico se levanta y con la energía de un joven comienza de nuevo a andar, creanme cuando les digo que socialdemocracia siempre estará liderando los cambios”.
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