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Más allá del dato de los 8000 millones de euros y de los cientos de miles de empleos que va a crear el Plan Zapatero, el Fondo de Inversión Local aprobado por el Gobierno de España es la iniciativa que puede haber realizado con mayor intensidad un cambio en la administración pública española.
Primero porque para tramitar las ayudas del fondo, 8107, de los 8112 ayuntamientos que hay en España han tenido que contar con firma electrónica, lo cual supone que todos nuestros gobiernos locales podrán realizar cualquier trámite sin cruzar un papel y sobre todo en tiempo real, mejorando la eficacia y la transparencia de la gestión administrativa.
Además las Diputaciones han actuado como lo que la Constitución marca que tienen que ser, presatadoras de servicios a los Ayuntamientos, ya que su asesoría ha sido fundamental para tramitar el acceso a la firma electrónica y la presentación de Proyectos, sobre todo de los Ayuntamientos más pequeños, con lo cual la Diputación además ha podido coordinar proyectos para planificar coordinadamente el desarrollo del territorio provincial.
Pero fundamentalmente se ha realizado algo que rompe la lógica de competencia por el territorio en la historia de la Administración Española ya que por primera vez se ha aplicado el principio de subsidiariedad y se ha roto la competencia por el territorio entre administraciones públicas. El Plan Zapatero parte de una premisa, los Ayuntamientos son a la vez entidades autónomas y son Estado, por tanto como herramienta del estado más cercana a los ciudadanos y conocedora de sus problemas inmediatos se les ha confiado la resolución de la crisis desde su autonomía ya que son los Ayuntamientos quienes presentan los proyectos que consideren oportunos a un fondo dirigido a financiar proyectos generadores de empleo, que mejoren la calidad de vida de los vecinos, un fondo transparente y garante de la igualdad en el territorio.
Esta nueva relación entre Estado y Ayuntamientos basada en el equilibrio de que el Estado cuenta con 8112 gobiernos autónomos nivel local y que esa autonomía local siginifica para nuestros Ayuntamientos formar parte de un todo que es el Estado, es algo que cualquier manual calificaría como equilibrio y lealtad federal (bundestreue) curiosamente en España parecería que el federalismo cooperativo ha entrado a partir de la relación entre el Estado y los Gobiernos Locales, mientras que las CCAA en su relación con el Estado siguen teniendo deficits de federalismo cooperativo.
El por qué de esta diferencia radica en que los Ayuntamientos tienen espacios de relación intergubernamental horizontal y vertical consolidados en nuestro sistema político, la FEMP y las Federaciones Territoriales, las CCAA aún dependen de la reforma del Senado.
Una de las mitificaciones del proceso norteamericano de primarias es la idea de que los candidatos son elegidos por votación directa en algunos casos como Iowa o Nevada de cualquier ciudadano, en otros como New Hampshire de los votantes que se registran como simpatizantes de un partido.
Pues bien no es cierto, en las primarias de los estados no se vota al candidato, sino que se eligen a los delegados que representarán a cada Estado en la Convención Nacional de cada partido. En este sentido cada partido es libre de organizar la representación de los Estados en su Convención y la asignación de delegados obedece a razones diversas (población, afiliación…). En este supermartes los demócratas se juegan en 24 Estados cerca de 2000 votos en la Convención, mientras que los republicanos elegirán a poco más de 1100 delegados.
El sistema de primarias fue establecido ante las continuas manipulaciones que los aparatos del Partido Demócrata y del Partido Republicano, realizaban para elegir delegados a las Convenciones, lo que dió lugar a que Theodore Roosvelt se escindiese del Partido Republicano, fundando el Partido Progresista que fue el primero en establecer un sistema de elección por primarias, que la práctica y la buena acogida, unido a un número infinito de manipulaciones en los tribunales por la asignación de delegados, llevaron a Demócratas y Republicanos a establecer este sistema y a los Estados a regularlo legislativamente.
Por tanto las características de las primarias en los Estados Unidos es que son un proceso de elección indirecta, similar al que en los partidos europeos se realiza cuando se eligen delegados a sus Congresos, pero que presenta varias particularidades:
+ Nace como reacción de desconfianza hacia los aparatos de los partidos mayoritarios, que manipulaban la elección de delegados a sus Convenciones Nacionales, en un país que como Estados Unidos tiene un sistema político de elección uninominal y que desde su nacimiento desconfía de los partidos políticos, de hecho Jefferson promueve que la Constitución americana ni siquiera los mencione.
+ Está regulado legalmente por cada Estado que además supervisa y certifíca el proceso, de manera que ha devenido en obligatorio para todos los partidos. Esto ha generado cerca de 50 sistemas de elecciones primarias pero grosso modo se pueden resumir en tres: abierta (vota cualquier ciudadano, por ejemplo en el Caucus de Iowa) semi-abierta (votan los ciudadanos registrados como simpatizantes de uno u otro partido como sucede en New Hampshire) o cerrada (solo votan los militantes).
+ Los partidos gozan de una amplia autonomía a la hora de asignar delegados a los Estados, pudiendo anular la participación de los delegados de los Estados si estos, como ha pasado recientemente deciden unilateralemente y sin contar con la dirección de los partidos, adelantar o retrasar las elecciones. Además en el caso del Partido Demócrata existe la figura de los superdelegados, que es un colegio de delegados que se designan desde la dirección demócrata directamente como participantes en la Convención.
Finalmente también es importante señalar que los delegados elegidos en las primarias, no acuden a la Convención con mandato imperativo y de hecho son frecuentes los cambios de votos y la indisciplina, principalmente en el Partido Demócrata. A modo de ejemplo de ello en la Convención Demócrata de 1968 Hubert Humpreys, entonces Vicepresidente de Lyndon Johnson, que ni siquiera se había presentado a las primarias fue designado candidato a la presidencia, debido a la influencia del Alcalde de Chicago y de los superdelegados sobre los delegados elegidos por las estructuras estatales.
Un sistema interesante que aunque no difiere tanto de los europeos, a veces suscita ansias de reforma en los partidos europeos para asemejarlos a los norteamericanos, en esto hay un par de buenas lecturas de José Antonio Gomez Yañez “Partidos sin Ley” y “Primarias” publicadas en El País, pero ese es otro debate….
Hablar de la tematización electoral que favorece a la izquierda o a la derecha, supone que previamente tenemos que analizar y aclarar varias cuestiones que pueden surgir como por ejemplo ¿qué es la izquierda?, ¿qué es la derecha?, ¿qué supone el progresismo o el conservadurismo?, etc.
Desde la caída del muro de Berlín en 1989 y la desaparición del llamado “socialismo real” que imperaba en la Unión Soviética y en sus países satélites estamos asistiendo a un fenómeno de reposicionamiento ideológico mundial, puesto que la antigua división del globo en bloques en cierta manera inspiraba la dialéctica política concreta de cada país, de manera que la izquierda en su conjunto y en su pluralidad tenía un referente ideológico en los países prosoviéticos, inclusive aquella izquierda contestataria con el comunismo como la socialdemocracia, mientras que la derecha tenía su referente en el modelo norteamericano más liberal.
Se ha extendido la idea de que con el fin de la división bipolar del mundo también habría desaparecido la dicotomía entre la izquierda y la derecha, debido al triunfo inapelable del modelo norteamericano de sociedad sobre el comunismo que se colapso solo. Las corrientes de pensamiento que proclaman el “Fin de la Historia” (Fukuyama: 1992) afirman que con el fin de la tradicional división ideológica, el mundo esta reagrupándose en “civilizaciones”, esto es, en áreas geográficas afines en base a criterios étnicos, religiosos, económicos o sociales y que en consecuencia en el futuro la política estará marcada por la inevitable contradicción y enfrentamiento de “civilizaciones”. Estas corrientes de pensamiento apoyan el fin de las ideologías además en varios postulados que podemos agrupar en tres principios (Huntington: 1997):
§ La espontaneidad de los acontecimientos en el mundo actual y la inexistencia de margen para la acción política: para estos autores, las fuerzas de la razón económica son globales y por tanto prácticamente ingobernables para la política que tiene un ámbito de poder más reducido y apegado al Estado nacional, por lo tanto en opinión de quienes afirman que las ideologías han desaparecido tampoco cabría la diferenciación ideológica entre opciones, puesto que gobierne quien gobierne va a tener que hacer sustancialmente lo mismo
§ Las grandes transformaciones de nuestra sociedad: cierto es que vivimos en una época de cambios producidos por las nuevas tecnologías, los nuevos medios de comunicación y los recientes descubrimientos científicos que han revolucionado la vida de las personas.
Sin embargo ante postulados que afirman la desaparición de las ideologías, también han surgido teorías que aseguran que con la desaparición del sistema de bloques, sigue habiendo diferencias ideológicas muy profundas, entre la izquierda y la derecha y que desde luego hay margen para una acción política diferenciada entre opciones, que aunque compleja de explicar es sustancial en las países desarrollados.
Por ejemplo Norberto Bobbio (Bobbio: 1994) señala que aunque la izquierda ha salido tocada tras la caída del muro de Berlín, las diferencias existen y pueden enmarcarse en el concepto de igualdad, de tal manera que mientras la izquierda sigue luchando por el fin de las desigualdades, la derecha entiende a la sociedad como irremediablemente jerárquica.
Anthony Giddens (Giddens: 1998) sostiene que a pesar de lo que él denomina como “la muerte del socialismo” (cuando Giddens habla de socialismo está refiriéndose continuamente al marxismo) está surgiendo una “nueva izquierda” fusión de la socialdemocracia y el liberalismo superadora de la “vieja izquierda estatista” que se contrapone en el nuevo esquema ideológico de la Globalización a la “Nueva Derecha Neoliberal”.
Incluso autores de procedencia marxista como Marta Harnecker (Harnecker: 1999) o Immanuel Wallerstein (Wallerstein: 1996), señalan que la globalización y la desaparición de la dinámica de bloques no ha terminado con la diferenciación entre la izquierda y la derecha, y que la supuesta falta de respuestas desde la izquierda al fenómeno de la globalización se debe exclusivamente a una crisis teórica que encuentra sus raíces en la incapacidad para elaborar un pensamiento propio y para realizar un estudio riguroso de las experiencias socialistas que permita un análisis serio de las causas de su derrota y del desmoronamiento del “socialismo real”.
En este sentido también existe el convencimiento en las organizaciones de la izquierda internacional de que la dialéctica ideológica no ha desaparecido, aunque ha variado. El Informe de la Comisión Progreso Global (Global Progress; 1999) de la Internacional Socialista que se presentó al Congreso de Paris de 1999, señalaba que es cierto que las ideologías como sistemas cerrados y totalizadores han sido superadas, pero que cuando las ideologías se entienden como un conjunto de valores más progresistas e igualitaristas o más conservadores, es innegable que siguen estando vivas y siempre lo seguirán estando.
Igualmente otras iniciativas sostienen que la diferenciación ideológica no ha muerto, así pues en 1998 en Nueva York, se produjo el primer encuentro internacional sobre la “Tercera Vía” que fue seguido del “Policy Network” (Policy Network: 2003) celebrado en Londres en 2003 en ambos participaron importantes miembros de la Internacional Socialista como Tony Blair, Gerhard Schröeder, Göran Persson o Ricardo Lagos, junto con destacados miembros del Partido Demócrata norteamericano como Bill Clinton o Al From y miembros de la izquierda no encuadrada en la socialdemocracia como Luis Ignacio Lula Da Silva o Francesco Rutelli.
En ambos encuentros se trataron de cotejar las ideas de la izquierda internacional desde sus diferencias y en las conclusiones se manifestó que la globalización puede ser gobernada de otra manera desde otros valores, en definitiva desde la izquierda.
A este movimiento de defensa de la existencia de la dicotomía izquierda-derecha no han dejado de ser ajenos los partidos verdes europeos quienes en el Congreso de Constitución del Partido señalaron en su carta fundacional (en coincidencia con los postulados socialdemócratas) la necesidad de gobernar la Globalización.
Pero tampoco han sido indiferentes los otrora partidos comunistas europeos cuando constituyeron el Partido de la Izquierda Europea en 2004 en su manifiesto optaron por una postura de confrontación puesto que señalaba el mencionado documento que la Globalización debe ser combatida porque es el ultimo movimiento del capitalismo global para someter a las clases trabajadoras de todos los países, es decir desde este postulado la izquierda se asocia a la antiglobalización.
Todas estas posiciones doctrinales y políticas en definitiva sostienen que las diferencias entre izquierda y derecha siguen existiendo y que la globalización simplemente ha supuesto un cambio de terreno de juego y algunas reglas del mismo, sin embargo las principales decisiones sobre las cosas básicas que afectan a la vida de los ciudadanos pueden seguir ventilándose en la esfera de la política y desde una pluralidad de opciones.
En definitiva, puede concluirse que por un lado hay que tomar en serio las teorías que constatan el cambio mundial tras la caída del muro y la Globalización, porque son hechos históricos sin vuelta atrás, por tanto podemos acertar al indicar que tanto Fukuyama como S. Huntington tienen una posición correcta al señalar la obviedad de que el mundo bipolar ha desaparecido, no obstante no es menos cierto que la situación creada tras la desaparición de los bloques, no ha diluido la diferenciación ideológica entre la izquierda y la derecha puesto que como señala Bobbio esta se basa permanentemente en razones morales y filosóficas (el principio de igualdad) y coyunturalmente en modelos políticos nacionales como sucedió durante la Guerra Fría.
Por lo tanto esta dicotomía entre la izquierda y la derecha sigue plenamente vigente, aunque es cierto como señalan autores tan dispares como Harnecker o Giddens, que el cambio de terreno de juego (el escenario de la globalización) debe ser atendido desde la izquierda, en mayor medida que desde la derecha, porque ésta ya lo ha hecho, mediante un proceso de adaptación de sus postulados a las nuevas circunstancias
LA TERCERA VÍA
En este contexto el primer intento de redefinición de la alternativa socialdemócrata tiene su orígen en Gran Bretaña en el movimiento que se ha denominado la “Tercera Vía”.
A finales de los años 80 es en los países anglosajones es donde la embestida contra la izquierda se da con más virulencia, en los Estados Unidos por razones obvias puesto que su superpotencia adversaria en el mundo bipolar era la Unión Soviética de la que bebía (incluso para negarla) la izquierda europea.
En los restantes países anglosajones la fuerza de las teorías neoliberales tiene como fundamento, la fuerte influencia (sobre todo en Gran Bretaña) de las políticas conservadoras procedentes de los Estados Unidos y que cristalizan en la era de Margaret Tatcher que realizó un desmantelamiento casi total del Estado del Bienestar construido en Gran Bretaña desde los años 50 (Giddens:1998) ha tenido manifestaciones en políticas seguidas por los gobiernos de países anglosajones como Australia o Nueva Zelanda, unida a una izquierda con unas características sui generis, que tradicionalmente la debilitaban en el plano del debate ideológico.
En un primer momento la izquierda anglosajona y norteamericana durante los años 80 e incluso antes de la caída del muro reaccionó plegándose a la ortodoxia más dura organizando un discurso que pivotaba sobre los siguientes temas:
§ Política internacional de distensión e incluso de apuesta por la neutralidad: En los años 80 el Partido Laborista en su programa apostaba por la salida de Gran Bretaña tanto de la OTAN como de la entonces CEE, así como por el abandono de las armas nucleares. Esta postura en un momento de crisis entre los bloques – recordemos que en los años 80 se produjo la invasión de Afganistán por la URSS, la invasión de Granada por los EEUU, etc – fue hábilmente aprovechada por la derecha tatcherista que supo colocar a los laboristas como una opción irresponsable en política exterior y de seguridad. El Partido Demócrata también proponía una política de distensión con la URSS en un momento de crisis y de desmoronamiento que fue inteligentemente explotada por los Presidentes Reagan y George Bush quienes con su política de dialéctica anticomunista dejaron a sus contrincantes (Carter –1980-; Mondale –1984- y Dukakis –1988-) fuera de juego.
§ Defensa del sistema de bienestar creado desde finales de los años 40: esta es una pauta común en los partidos de la izquierda anglosajona y en el Partido Demócrata norteamericano (aunque en este último caso con las peculiaridades propias del modelo estadounidense). A finales de los 40 los presidentes demócratas (Roosvelt, Truman, Kennedy, sobre todo Johnson y Carter) y los primeros ministros del Labour Party (Atlee, Harold Wilson, etc.) habían impulsado un modelo social que pretendía terminar con la exclusión y que se basaba en líneas generales, en el esfuerzo por extender la salud, la educación y los subsidios a los más desfavorecidos y en un altísimo sistema impositivo y de cotizaciones. Este sistema fue el trampolín de los sectores más desfavorecidos hacia la clase media. Sin embargo con el tiempo la derecha supo hacer ver a los nuevos sectores de la clase media que sostener este sistema era un despilfarro porque la mayoría de la población ya no lo necesitaba y los que lo necesitaban se instalaban cómodamente en la “Cultura del subsidio” y era un incordio para el progreso económico porque requería de mucho esfuerzo económico. A mediados y finales de los 80 el Labour y los Demócratas norteamericanos mantenían un discurso de reclamar el esfuerzo de todos para mantener los logros del sistema de bienestar social sin proponer reformas o agilizarlo.
§ Apuesta decidida por la intervención pública del Estado: cuando a mediados y finales de los 80 se constata la crisis del sector público empresarial por su falta de productividad y se comienzan a plantear las liberalizaciones económicas en sectores estratégicos que requieren de competencia para su desarrollo (telecomunicaciones, sector naval, carbón) sobre todo los laboristas británicos se enrocan, seguramente fuertemente presionados por los sindicatos (que en el movimiento demócrata y laborista son realmente un poder fáctico y en el caso del Labour Party británico controla su estructura durante los 80 y 90) en la defensa del sistema de empresas públicas tal cual estaba frente a las privatizaciones (que no liberalizaciones) que proponía la derecha, de manera que este tema fue inteligentemente aprovechado por la derecha republicana y conservadora que hizo aparecer a los laboristas y demócratas como despilfarradores.
Las estrepitosas derrotas de los demócratas y de los laboristas, pusieron en marcha una serie de estudios electorales que trataban de demostrar por qué los antiguos sectores sociales a los que la izquierda había conducido al bienestar social le daban la espalda y se pasaban a la derecha, en este ámbito hay que destacar los trabajos de la Consultoría Norteamericana Greenberg Research, (Stanley Greenberg: 1990) que realizó importantes sondeos entre los “Reagan´s Democrats” y los antiguos votantes ingleses del labour y detectó dos elementos importantes:
§ En primer lugar los antiguos votantes de izquierdas percibían que los partidos de la izquierda hablaban de temas de justicia social (sanidad, educación, pensiones) que por un lado y gracias a sus políticas ya eran de acceso universal pero que a ellos no les tocaban directamente puesto que en la mayoría de los casos se trataba de personas de edad media sin necesidad de médicos o de seguir estudiando y con un nivel suficiente de ingresos y que se agobiaban por los impuestos que tenían que pagar, es decir de personas que una vez logrado un mínimo bienestar tenían otros problemas que la izquierda no atendía.
§ En segundo lugar que el lenguaje político de ese periodo histórico era favorable a la derecha es decir la política se jugaba en el campo de la riqueza.
A partir de estos análisis y estudios surgen a finales de los 80 los denominados Nuevos Demócratas, un grupo auspiciado por en Comité Nacional Demócrata y que recogía en su seno a Electos Demócratas (como el Gobernador de Arkansas Bill Clinton, el Senador Al Gore o el Congresista Bill Richardson) este grupo apostaba por ha denominado una estrategia de triangulación, en este caso proponían políticas progresistas que partían de postulados moderados en materia de impuestos, intervención económica o política internacional y que se internaban, dando una respuesta de izquierdas, en materias propias del adversario (familia, seguridad ciudadana, estimulo del crecimiento económico, etc). (Morris: 2002) Este movimiento pronto fue denominado “The Third Way” “La Tercera Vía” y pretendía ir más allá de la mera defensa del statu quo burocrático y de la pretensión conservadora de, simplemente, desmantelar el Gobierno. (Obiols: 1999)
El éxito de los postulados de los nuevos demócratas estadounidenses, supuso que en 1992 recuperaron la Presidencia para Bill Clinton, lo que dio alas a los laboristas que tras un convulso periodo de crisis interna que desembocó en el fin del control de los sindicatos sobre el partido y en el abandono del marxismo con la abolición de la cláusula 4ª, así como en el cambio de algunos lideres y la elección de Tony Blair; deciden imprimir un nuevo rumbo a su posicionamiento político. Es con la cita electoral de 1997 cuando Tony Blair lanza su propio concepto de “Tercera Vía” que después desarrollará Anthony Giddens, director del London School of Economics. La nueva vía de Tony Blair (Blair: 1998) se caracteriza por estos puntos:
1. Es un término medio entre dos sistemas de organización económica y social (Capitalismo y Socialismo) esto es entre Mercado y Estado que surge de la síntesis de las dos grandes corrientes de la izquierda, el socialismo y el liberalismo.
2. Apuesta por una sociedad civil fuerte, basada en los derechos y en los deberes de los ciudadanos.
3. Quizá la aportación más importante y la más desconocida es la apuesta por el Gobierno activo basado en la descentralización y la participación ciudadana.
4. Es inequívocamente internacionalista.
Anthony Giddens esquematiza los puntos que caracterizan a la Tercera Vía de forma clarificadora (Giddens: 1998):
Justicia Social – Protección de los vulnerables – Libertad entendida como autonomía – No hay derechos sin responsabilidades – No hay autoridad sin democracia – Pluralismo cosmopolita – conservadurismo filosófico –
Tanto los postulados de la Tercera Vía de los laboristas, como de los Nuevos Demócratas convergieron a partir de los encuentros de Nueva York y Washington en 1998. En ambos casos a pesar del intento por contar con la presencia de los líderes socialistas del momento, el nuevo posicionamiento de la izquierda anglosajona tuvo las reticencias de la Internacional Socialista, pues tanto Jospin, como Wim Kok y Antonio Guterres declinaron la invitación. (Plaff: 1998). Por su parte, Giddens criticó esta falta de entendimiento de lo que significaba la Tercera Vía y en todo momento negó que fuese Tatcherismo con rostro humano. (Giddens: 1999).
Tanto los demócratas como los laboristas adoptaron una temática electoral que les dio buenos resultados, lo que pudo observarse hasta el 2000 en el caso de los demócratas y continúa hasta hoy para los laboristas. Ésta temática se centra en los siguientes puntos:
§ Nuevo Estado Democrático.
§ Descentralización del poder hacia arriba y hacia abajo: este tema defendido por la izquierda anglosajona supone una ruptura con el aislacionismo clásico de estos países: en el caso anglosajón es una apuesta decidida por la UE y en el caso norteamericano se basa en un voto de confianza para la ONU. La descentralización ad intra, supone en el caso británico la devolution de la autonomía a las regiones y un impulso a los gobiernos locales como administración más ágil y cercana al ciudadano.
§ Doble democratización: ésta es la denominada “Reinvención del Gobierno” que supone un impulso a la desburocratización y a la calidad en el servicio público, es decir la aplicación progresista de la Nueva Gestión Pública.
§ Mecanismos de democracia directa: la descentralización debe suponer un aumento de los mecanismos de democracia directa allí donde es posible, principalmente en la esfera local. En este sentido hay que destacar el éxito de la reforma de Blair en el Gobierno Local, que ha supuesto como señala, un aumento en la participación y concienciación cívica de los británicos. (Lewis: 2004).
§ Prevención del Crimen basada en la Comunidad: este es un elemento clave en los éxitos electorales de Clinton y Blair, ambos apuestan por introducir un tema de la derecha en sus discursos y darle una respuesta progresista (el crimen no solo se combate con el castigo sino con la educación en la responsabilidad).
§ Una política progresista de la familia.
§ Economía mixta con preponderancia del mercado: apuesta por el mercado como regulador, por el papel progresista del emprendedor y con una intervención mínima del Estado.
§ Modernización Ecológica: las cuestiones medioambientales tienen una fuerte impronta en las administraciones Blair y Clinton (en ello jugó un importante papel Al Gore como Vicepresidente) y son un elemento nuevo en la temática de la izquierda laborista y demócrata.
§ Fin de la cultura del subsidio y nuevo papel del Estado: se apuesta por que el Estado tiene que garantizar a los ciudadanos las condiciones necesarias para que estos entren a competir en el mercado laboral, para ello los laboristas y demócratas apuestan por recortes drásticos en las ayudas sociales al desempleo y en un reforzamiento de la educación a todos los niveles de la sociedad como verdadero motor de igualdad de oportunidades, además apuestan decididamente por los sevicios de apoyo y recolocación de desempleados de naturaleza pública y por garantizar los subsidios a quienes lo necesiten por sus dificultades para retornar al mercado laboral, con lo cual no se suprime la ayuda pero se adapta para hacerlo sostenible.
La Tercera Vía puede parecer un cierto postulado temeroso del neoliberalismo que no puede renunciar a ciertas reformas impulsadas por el Tatcherismo y en parte es así, sin embargo ha sido para la izquierda, en particular para la socialdemocracia, un importante impulso en una doble dirección puesto que por un lado le ha permitido afrontar una respuesta a determinados elementos de la globalización que no parecía tener claros como por ejemplo la perdida de poder del Estado hacia dentro, es decir hacia los gobiernos locales. De otro ha permitido a la izquierda entrar en temas que le eran ajenos y que los electorados atribuían como mejor gestionados a la derecha cuyo caso más evidente es el de la seguridad ciudadana basada en la comunidad y en la educación en la responsabilidad, así como la familia.
Cuando se estudia la incidencia que tiene y los retos que plante la inmigración al Estado debe establecerse este análisis sobre dos premisas, en primer lugar que el factor que lanza los retos, el fenómeno migratorio, no es una realidad nueva y en segundo lugar que el elemento que se ve impactado por el fenómeno anteriormente señalado, el Estado, es un concepto que puede ser muy variable y por lo tanto difícilmente acotable en una definición.
En relación al primer factor, hay que tener en cuenta que el desplazamiento de personas de un lugar a otro, buscando mejores condiciones de vida por razones diversas (clima, prosperidad, riqueza territorial, etc.) es algo que ya se ha producido a lo largo de la historia, la Antigua Roma, sin ir más lejos, tuvo que asumir la llegada, a la capital del Imperio, de flujos de personas de diversos orígenes, culturas y tradiciones muy diferentes entre sí, mediante actuaciones de diverso tipo como la ordenación urbana, procura de agua y alcantarillado a las nuevas edificaciones de una ciudad en continuo crecimiento o reformando su sistema legal para afrontar supuestos interpersonales de sujetos de distintas procedencias.
Por su parte el segundo elemento de análisis, tampoco es nuevo, si bien es realmente complicado de conceptuar, puesto que cuando se habla de Estado, se enuncia un término de difícil acotación por razones emocionales e ideológicas.
Entre las muchas definiciones que se pueden dar del Estado pueden seleccionarse cuatro, cada una de las cuales puede explicar algunos determinados modelos de concebir el Estado, que se han tenido. Una perspectiva tomista[1], diría que el Estado vendría a ser la ordenación de la razón, dirigida al bien común por quien tiene a su cargo cada comunidad temporal, inspirada en el orden divino, es decir esta postura explicaría un modelo de Estado teocéntrico, en el que el soberano, inspirado en el ordena divino dirigiría los destinos de las personas de su ámbito espacial. En cambio un análisis marxista[2] definiría el Estado como un instrumento espacial de dominación de clase, es decir el Estado sería una herramienta en manos de la clase burguesa preponderante en un territorio, a través de la cual mediante mecanismos identitarios de alienación hacen olvidar al proletariado su conciencia de clase. El autor Alemán carl Schmitt[3], entiende el Estado como la integración de la comunidad nacional bajo el mando del Fhürer. Finalmente Bobbio[4] concibe el Estado como la legitimación del poder, democráticamente legitimado para remover los obstáculos, permitiendo desarrollar a los ciudadanos sus planes de vida libremente elegidos.
Estas cuatro definiciones son solo algunas de las que han pretendido definir qué es el Estado, sin embargo no es posible afirmar con rigor y sin ideología que una de ellas es la verdadera, antes al contrario puede afirmarse que todas en tanto en cuanto explican modelos de Estado tienen elementos de veracidad, puesto que el Estado ha sido teocéntrico, inspirado en un supuesto orden divino, pero también durante el siglo XIX y principios del XX fue un instrumento de dominación de clase, puesto que en las “democracias censitarias” el acceso de la clase trabajadora a derechos individuales y colectivos estaba vedado, si acudimos al periodo entre la I y la II Guerra Mundial también podemos observar que los Estados totalitarios como la Alemania nazi se fundamentaban en la adhesión fanática y basada en elementos de carácter racial de un pueblo a un líder, pero también tras 1945, se aprecia que el Estado se convierte en un elemento protector de los ciudadanos, que lo legitiman participando en la democracia, que ofrece protección y cobertura de las necesidades básicas de todos ellos, para que puedan desarrollar sus proyectos de vida. Sin embargo en todas ellas encontramos tres elementos comunes, población, territorio y poder o soberanía, es decir hablamos de entes que se forman cuando en un territorio se organiza jurídico-políticamente un pueblo, que por razones de diversa índole (alienación, legitimación democrática, etc.) se somete a un Gobierno[5].
Por lo tanto podría afirmarse a tenor de lo anterior de que quizás se esté mitificando el fenómeno de la inmigración, a fin de cuentas es habitual, desde finales del Siglo XX, oír hablar de que se vive una época de cambios, de grandes transformaciones, que han generado todo un presupuesto ideológico de la cultura del cambio, que hay que relativizar en muchos casos puesto que grandes transformaciones se han producido siempre, piénsese en la generación que vive la II Guerra Mundial y que observa como en apenas menos de diez años, surgen y desaparecen los Estados totalitarios, se lanza la primera bomba atómica, caen los Imperios Británico y Francés para dar paso a un mundo bipolar, se desarrolla un modelo de Estado del Bienestar y se crea el Mercado Común en Europa.
Sin embargo el hecho de relativizar la cultura de los cambios vertiginosos a la que anteriormente se ha hecho referencia, no implica negar por otro lado que cambios de gran calado (como siempre) se están produciendo y que el fenómeno de la inmigración, que se está produciendo desde finales del siglo pasado, parejo al proceso de la Globalización, supone un importante reto para el Estado moderno[6], puesto que desafía a los tres pilares sobre los cuales se ha sustentado, población, territorio y poder, dilema que no deja de ser menor puesto que afecta a la esencia misma de la idea de Estado, cualquiera que fuese su variante o modelo.
[1] Sobre la concepción tomista del orden social y el poder puede acudirse al texto de Tomas de Aquino en, Ansuategui Roig, 1994.
[2]. Sobre la concepción marxista del Estado puede acudirse al texto de Karl Marx en, Ansuategui Roig, 1994
[3] Schmitt, 1990.
[4] Sobre la concepción tomista del Estado promocional puede acudirse al texto de Norberto Bobbio en, Francisco Javier Ansuategui Roig, 1994
[5] Sobre los elementos constitutivos del Estado, puede acudirse al texto de Biscaretti di Ruffia en Pérez Royo 1997.
[6] López Sala, 2005.

“Sucede que a veces la socialdemocracia parece enferma, pero mientras algunos comienzan a alegrarse de la desaparición del enfermo y a pensar en el día después, éste contra todo pronóstico se levanta y con la energía de un joven comienza de nuevo a andar, creanme cuando les digo que socialdemocracia siempre estará liderando los cambios”.
Medidas como la que ha adoptado el Gobierno de Canadá (Conservador) en relación a establecer mecanismos de toma de temperatura a través de la opinión de los ciudadanos (en el caso canadiense por una Web) para lograr la aprobación de una Ley que incide sobre los derechos de propiedad intelectual,
El PSOE se mantendrá como organización clandestina en Galicia y en 1977 contará con la incorporación del entorno de Ramón Piñeiro y del entorno del republicano-liberal y del galleguismo histórico del interior en una apuesta por una formación socialdemócrata encuadrada en un proyecto federal para España.
Por su parte la vertiente nacionalista dará como resultado la creación del Partido Socialista Galego, formación socialista, galleguista y europeísta que encabezará Xosé Manuel Beiras, catedrático de economía de la Universidad de Santiago y que dará a la política gallega nombres de la talla del propio Beiras, Ceferino Díaz y sobre todo el primer Presidente socialista de la democracia en Galicia, Fernando González Laxe. El Partido Socialista Galego no tendrá procesos de fusión con el PSOE, sino que se aproximará al Partido Socialista Popular de Tierno Galván, en cuya federación gallega militaban importantes figuras políticas actuales como José Blanco y José López Orozco, Vicesecretario General del PSOE y Alcalde de Lugo respectivamente.

Recientemente el historiador peruano Eugenio Chang Rodríguez presentó en la Casa de América su ultimo libro basado en la biografía de Victor Raul Haya de la Torre, fundador de la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA) y de cuyo fallcecimiento se cumplen 30 años en 2009.
El debate abierto en España, respecto la financiación autonómica, tras las reformas estatutarias culminadas entre 2005 y 2007, pone de manifiesto una acentuación del carácter federal del Estado, ya que por primera vez se asiste dentro de todas las formaciones políticas de ámbito nacional a un debate centro-periferia, o a una tensión entre la agenda politica autonómica, con la agenda política federal o estatal.