-Comenzamos una serie de artículos sobre el libro de Ronald Dworkin. Empezamos con una introducción de unos principios a los que tendremos que volver una y otra vez-
¿Por qué una política y no otra? ¿Por qué votar a unos líderes y no a otros? ¿Por qué identificarse con unos y no con otros? Por valores. La gente vota a sus líderes porque el universo que transmiten se adapta más fácilmente –es interpretable- por sus valores más básicos. Universo que se puede transmitir a golpe de imagen, confrontación y estrategia subterránea o a través del debate de las ideas. O de los dos.
Un núcleo de valores que nos sirven para interpretar la realidad social y para planificar nuestras acciones en ella, y que según Ronald Dworkin no son ni políticos ni morales, sino que son filosóficos. Unos valores que corren a nivel muy bajo, digamos que casi imperceptibles al debate actual, a la literatura incluso a las disciplinas sociales y humanistas que manejan la mayoría de los norteamericanos –él se dirige a ellos, yo lo ampliaría a todos los occidentales, y lo adaptaría a la mayoría de los españoles-
La interpretación de estos valores –yo diría desarrollo- es lo que marca la diferencia entre unas comunidades políticas u otras, entre unos partidos u otros, entre unos políticos u otros. Una interpretación que se nos trasmite la mayoría de las veces a través de una pelea continua, a través de contacto, contacto y más contacto, cosa en la que los neoconservadores son maestros, y por desgracia también, a veces la única vía conocida por muchos progresistas profesionales de la política. Cualquiera que lea periódicos –en el mejor de los casos- sabe que estas diferentes interpretaciones pocas veces se nos trasmite a través del debate de las ideas y de las buenas razones. La obra de Dworkin defiende este segundo medio, demostrando que además es el único camino para que el liberalismo de izquierdas –socialdemocracia, o progresismo, como prefieran- construya una opción positiva y atrayente para los ciudadanos.
Los dos principios básicos son:
1) El primer principio –al que llamaré <<principio de valor intrínseco>>- sostiene que toda vida humana tiene un tipo especial de valor objetivo. Tiene valor como potencialidad; una vez que la vida humana ha empezado, es importante como evoluciona. Es algo bueno que esa vida tenga éxito y que su potencial se realice, y es algo malo que fracase y que su potencial se malogre. Esta es una cuestión de valor objetivo, no meramente subjetivo; quiero decir que el hecho de que una vida humana tenga éxito o fracaso no sólo es importante para la persona de cuya vida se trata, o sólo importe si, y porque, eso es lo que ella quiere. El éxito o fracaso de cualquier vida humana es algo importante en sí mismo, es algo que todos tenemos razones para querer, o deplorar. (…) Así, con arreglo al primer principio, todos nosotros deberíamos lamentar que una vida se malogre como algo malo en sí mismo, sea la vida de la que se trate la nuestra o la de cualquiera otra persona (24-25)
2) El segundo principio –el <<principio de responsabilidad personal>>- sostiene que cada persona tiene una responsabilidad especial en la consecución del logro de su propia vida, una responsabilidad que incluye el empleo de su juicio para estimar que clase de vida sería para ella una vida lograda. No debe aceptar que ninguna otra persona a dictarle esos valores personales ni a imponérselos sin su consentimiento. Puede respetar las valoraciones codificadas en la tradición religiosa particular, o las opiniones defendidas por líderes o textos religiosos e incluso las valoraciones de maestros morales o laicos. Pero ese respeto a de ser fruto de su propia decisión; ha de reflejar su juicio más profundo sobre como desempeñar su responsabilidad sobereana sobre su propia vida (25)
Estos dos principios –que toda vida humana alberga un valor potencial intrínseco y que todo el mundo tiene la responsabilidad de realizar ese valor de su propia vida- definen juntos las bases y condiciones de la dignidad humana, y por esta razón me referiré a ellos como los <<principios o dimensiones de la dignidad>> (25)
Estos dos valores en cierta medida corresponden al ideal de igualdad y al ideal de libertad que se manejan en el tradicional debate filosófico. Con su también tradicional capacidad para provocar contradicciones cuando se ponen juntos. Pero como apunta Dworkin no se trata de que los ideales sean coherentes o incoherentes entre sí, sino que en que es la comunidad política la que tiene la tarea de aportar la interpretación consistente de los dos.
La idea es bellísima: no sé trata de ponerte del lado del valor que ves más potente para la causa de la facción en la que estás. El valor que te hará triunfar entre los tuyos y aplastar –a ojos de los tuyos también- al contrario. Se trata de hallar el discurso que aúne los valores básicos de la ciudadanía, con la realidad social que toca vivir y con un sistema de derechos y justicia.
El buen político y el buen partido tienen que iniciarse en este camino involucrando a toda la sociedad. Siendo no un contingente de lucha sino un catalizador de encuentro y trabajo de ciudadanos comprometidos con cualquier causa de interés colectivo.
Esto en España, posiblemente en todo occidente, supondría una ruptura de paradigma político de consecuencias difíciles de prever. Quizás la única que nos permita mirar cara a cara a la Globalización y a las superpotencias. A no tener que aceptar burradas en la política internacional. A la crisis energética y a la nueva oleada de conservadurismo producto del rápido cambio social. Porque como europeos sacaríamos todo ese gran potencial de inteligencia, trabajo, conocimiento y derechos, almacenado durante los últimos siglos, sin desgastarnos en interminables y estériles ciclos de opinión pública volátil en nuestro interior.
En menores dimensiones, quizás sea la única manera que tengamos para construir un progresismo eficaz en comunidades como Madrid, Valencia o Murcia.


3 comments
Comments feed for this article
Mayo 8, 2008 a 12:58 pm
Luis Llorente
Se lo dije ayer a tu doble y te lo digo a ti hoy muy buen post, pero jodio más cortos.
Junio 27, 2008 a 8:09 pm
Modo Explicito » Archivo Blog » Cañones y hermenéutica
[...] son perfectamente coherentes en su interpretación, a que sí querido Gödel- Las leyes tienen una base interpretable desde el lenguaje natural y la filosofía, por mucho que intenten anular el pensamiento en los juristas a base de repetir y repetir y poco [...]
Julio 26, 2008 a 7:11 pm
Obama y su modelo global | Modo Explicito
[...] habíamos visto en prietistas cuando comentamos su último libro: el modelo moral de la mayoría occidental se asienta en dos intuiciones básicas, a saber, que [...]