rosa2.gifEl final del siglo XX en el que el mundo bipolar desaparece como consecuencia del hundimiento de la Unión Soviética y la sustitución como potencia hegemónica de unos Estados Unidos, en donde el poder de los neocons se hace patente a pesar del paréntesis Clinton y Gore, va acompañado de un cambio socioeconómico de gran calado que se caracteriza por:

  • La individualización de los valores.

  • El escepticismo ideológico.

  • La hegemonía neoliberal en las instituciones financieras internacionales.

  • El desarrollo de las nuevas tecnologías.

 En este entorno se plantea un debate respecto de qué papel tiene la política en un mundo fuertemente individualista y qué necesario sigue siendo lo público si el modelo político que se hunde inspiró la apuesta por el Estado del Bienestar (aunque fuese para negar elementos del “socialismo real”). Debate que claramente tiene un perjudicado, la socialdemocracia, que encuentra dificultades para legitimar sus políticas principalmente sociales y de cohesión, en este contexto se han dibujado tres posiciones en el seno de la socialdemocracia para tratar de reformular sus valores de gobernanza progresista o progressive governance como le denominan los teóricos en un nuevo entorno social, económico y político que no responde a los esquemas bipolares:

En primer lugar conviene señalar que un grupo de partidos socialdemocratas han adoptado una estrategia de enrocamiento en el posicionamiento estratégico clásico del socialismo democrático posterior a la II Guerra Mundial en espera de que la coyuntura actual abra un espacio nuevo de juego para esta formulación estratégica, esta situación tiene como principal protagonista al Partido Socialista de Francia y se ha repetido en el Partido Socialdemócrata Alemán. Este posicionamiento ha sido fruto de fracasos electorales en Alemania y Francia fruto de un debate entre posiciones ortodoxas que se ha reducido a un debate nominalista entre liderazgos.

Un segundo modelo ha sido la apertura hacia el centro político de la socialdemocracia, asumiendo el triunfo del neoliberalismo como algo incontestable y tratando de dar barniz progresista a políticas y valores conservadores, a partir de la formulación de la Tercera Vía, por parte del Partido Laborista británico y de los laboristas australianos y neozelandeses, curiosamente la Tercera Vía fue el término acuñado en los 90 para inspirar el giro a la izquierda de los demócratas estadounidenses. Esta estrategia se ha mostrado efectiva en el terreno electoral, puesto que desde 1997 los Laboristas son el partido de gobierno en Gran Bretaña y ha tenido algunos aciertos como la eficiencia en los servicios públicos o la devolution, ha generado problemas internos en el partido, sin embargo plantea problemas a largo plazo puesto que las incoherencias de políticas neoliberales de izquierdas mantienen un equilibrio inestable entre los electores más moderados del laborismo que piden menos avances y los más progresistas que no se conforman y en ocasiones ambos segmentos buscan opciones ideolígicamente más sólidas.

En tercer lugar está desarrollandose el modelo español de socialismo de los ciudadanos, que se situaría como un modelo intermedio puesto que se caracteriza porque no abandona los valores de la socialdemocracia, pero los readapta a la nueva realidad sociopolítica, incorporando en muchas ocasiones elementos del republicanismo civico, del ecologismo y de los movimientos sociales como instrumentos dinamizadores y modernizadores que se sintetizan en una nueva redefinición de los valores clásicos del socialismo democrático:

  • La libertad como no dominación  lo que se traduce en la apuesta por nuevos derechos civiles hacia colectivos que se proyectan en los planes de vida individuales de manera que se extiende la idea de libertad al máximo posible en un contexto indiviluazado de forma de vida, orientando este valor hacia el bienestar de la colectividad, que a través de poder realizar sus proyectos de vida, se siente parte de un todo.

  • La igualdad entendida como la apuesta por la cohesión social, en un entorno de prestación de servicios públicos, que sean eficaces y eficientes lo que no excluye fórmulas innovadoras de gestión (que pueden incluir en determinados aspectos una cierta externalización hacia el mercado o el tejido asociativo) si bien esto se realiza de forma proactiva (para mejorar el servicio) y no reactiva (deshacerse de él).

  • La justicia social que se traduce en la solidaridad entendida no solo entre ciudadanos, sino proyectada entre países potenciando la cooperación al desarrollo como política exterior prioritaria y garantizando el derecho a la sostenibilidad del medio ambiente frente a amenazas de ámbito global.

 En definitiva la izquierda tiene ante si, el reto de volver a homologarse, encuentros e iniciativas como el Policy-Network o la Comisión Progreso Global van en esa dirección, el debate está abierto…….