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Seguimos leyendo.

En la filosofía política la distinción berliniana entre libertad negativa y positiva se ha convertido en un dogma. Pettit ha encontrado alguno de sus puntos débiles por los que presentar otro tipo de libertad, la republicana.

Isaiah Berlin diferenció en su Dos Conceptos de la Libertad una libertad basada en la no interferencia de otra como autodominio. Dos ideas que se han ido perfilando entre los filósofos y los grupos políticos a lo largo de la historia.

La libertad negativa es aquella que

(…) Entraña la ausencia de interferencia, entendiendo interferencia por una intervención más o menos intencional de un tipo que muy bien podría ilustrar, no sólo la mera coerción física del secuestro o el encarcelamiento, sino también la coerción de la amenaza creíble (…) Yo soy libre negativamente (…) hasta el punto de que disfruto de una capacidad de elección sin impedimento ni coerción.(P.35)

Y la positiva:

(…) Requiere que los agentes tomen parte activa del control y el dominio de sí propios: el yo con el que ellos se identifican tiene que tomar a su cargo yoes menores a más parciales que acechan dentro de cada individuo. Yo soy positivamente libre en la medida en que consigo el <<autodominio, lo que sugiere un hombre dividido y contrapuesto a sí mismo>> (P.35)

El primer ideal lo considera Berlin como heredero de la libertad moderna, de los ilustrados. El segundo en cambio es el descendiente de la concepción de los antiguos y de los aficionados románticos a la contrailustración. Además la libertad positiva encierra un gran peligro:

(…) Se presta a ser interpretado de manera ominosa: como el ideal, pongamos por caso, de llegar a ser capaz -tal vez con el concurso de la disciplina estatal- de dominar a nuestro yo más bajo; como el ideal de transcender el yo dividido, atomístico, por asimilación al todo del espíritu nacional; o como el ideal de suprimir la voluntad descentralizada, individual, haciéndonos parte de una comunidad política autodeterminante que revela y realiza lo que está en el interés común. (P.36)

- Primer gran despiste de Berlin, saltar del la coherencia del yo y de un ideal virtuoso al totalitarismo. Y tal deslizamiento no es producto del propio ideal en sí, sino de que Se presta a ser interpretado, como si casi cualquier cosa no pudiese ser interpretada como una razón de su Verdad por parte del totalitarista-

Pettit propone una tercera alternativa con un enfoque republicano y la defiende tanto analíticamente – la validez del concepto- como históricamente -como la que se ha movilizado contra el poder arbitrario en la historia moderna y más concretamente en las Revoluciones Americana y Francesa-De momento -en esta entrada- nos ocuparemos del enfoque sistemático.

Entre los conceptos de libertad negativa y (auto)dominio queda mucho espacio. Ni siquiera uno es el opuesto del otro. Es más, si profundizáramos en la idea de dominio, veríamos que cercana puede estar esta a la de libertad negativa. Aunque esta relación Pettit la evita en el análisis conceptual y sí la recoge en el histórico.

Pettit propone una tercera alternativa con un enfoque republicano y la defiende tanto analíticamente – la validez del concepto- como históricamente -como la que ha movilizado contra el poder arbitrario en la historia moderna y más concretamente en las Revoluciones Americana y Francesa-De momento -en esta entrada- nos ocuparemos del enfoque sistemático.

Entre los conceptos de libertad negativa y (auto)dominio queda mucho espacio. Ni siquiera uno es el opuesto del otro. Es más, si profundizáramos en la idea de dominio, veríamos que cercana puede estar esta a la de libertad negativa. Aunque esta relación Pettit la evita en el análisis conceptual y sí la recoge en el histórico -hay quienes también la hacen conceptual-

Pettit muestra como la el republicanismo puede coincidir en la parte negativa de aquellos que defienden la libertad como no interferencia. Por eso puede dar la sensación de similitudes con el liberalismo en un primer análisis superficial. Pero no se prohíbe la intromisión, sino que se niega el dominio por parte de un tercero. La libertad como no dominación. Que a su vez se diferencia del ideal de autocontrol -que yo diría que es más bien un ideal ético, y ahí es donde se tiene que buscar esa libertad, en vez de desacreditarla políticamente- porque sólo garantiza la ausencia de dominio externo y no asegura el dominio de sí mismo.

Pero no sólo en la forma es posible este tipo de concepto de libertad, también materialmente se hace viable. Adquiere su carga, su sentido, en el desarrollo de la famosa dialéctica del amo y el esclavo -apunto que aunque esta sea famosa en Hegel, ya viene de Aristóteles-

La dominación, según la entiendo yo aquí, queda ejemplificada por la relación entre el amo y el esclavo o entre el amo y el siervo. Tal relación significa, en el límite, que la parte dominante puede interferir de manera arbitraria en las elecciones de la parte dominada, puede interferir, en particular, a partir de un interés o una opinión necesariamente compartidos por la persona afectada. La parte dominante puede interferir, pues, a su arbitrio y con impunidad, no tiene porque buscar la venia de nadie, ni nadie va hacer averiguaciones o le va a castigar. (P. 41)

Además esta dialéctica muestra como el ideal de no interferencia no agota el ideal negativo frente al poder que pueden ejercer los demás sobre nosotros:

Yo puedo estar dominado por otro -por poner un caso extremo: puedo ser esclavo de otro-, sin que haya interferencia en ninguna de mis elecciones. Podría ocurrir que mi amo tuviera una disposición afable y no-interfiriente. O podría simplemente ser que yo fuera lo bastante taimado, o servil, para salirme siempre con la mía y acabar haciendo lo que quiero. (P.41)

Añade Pettit que se puede interferir sin llegar a dominar, una persona podría ocuparse de mis asuntos de tal forma que vea favorecidos mis intereses y respetadas mis opiniones y que además sea vigilado por un tercero que cancele o castigue la desviación sobre mis intereses u opiniones en su intervención sobre mi vida. Intereses propios, opinión y vigilancia, tres ejes a recordar.

(…) Podemos tener dominación sin interferencia, e interferencia sin dominación. La primera posibilidad queda ejemplificada en el amo que no interfiere; la segunda, en quien interfiere sin ser amo. La dominación puede ocurrir sin interferencia, porque sólo requiere que alguien tenga capacidad para interferir arbitrariamente en mis asuntos; no es necesario que nadie lo haga realmente. La interferencia puede ocurrir sin dominación, porque la interferencia no implica el ejercicio de una capacidad para interferir arbitrariamente, sólo el ejercicio de una capacidad o habilidad mucho más restringida.(P.42)

Interferir sin dominar, por lo tanto es, ejercer una capacidad en la ejecución de decisiones de un tercero de una forma restringida bajo su propio control u otro externo.

Pettit busca con su ideal que la no dominación sea algo seguro no eventual - Pettit habla en términos de mundos posibles, de contingencia y de necesidad, no estaría mal ver algún día una lógica modal con los teoremas del republicanismo- Que no sea el producto del buen ánimo de quien si quisiera podría dominarnos pero que decide no hacerlo por nuestra buena predisposición hacia ellos o por el motivo que sea. Esto se consigue evitando que ningún individuo tenga poder para dominar a otro.

Pettit agota su análisis conceptual con las condiciones necesarias y suficientes para que algo pueda concebirse como un ideal de libertad. La primera, la condición negativa, es decir, la necesaria, dice que si un individuo en sus acciones puede ser interferido arbitrarimente si otro así lo quisiese, entonces no sería libre, y por tanto la libertad como no-dominación, al proteger contra este caso cumple con la condición necesaria de salvar una situación de falta de libertad. La suficiente -y esta Pettit se la dedica a los liberales, porque otras concepciones no tendrían que aceptar que supere esta clausula- dice que el mundo está lleno de interferencias naturales o no elegidas. Uno es libre a pesar de que no pueda hacer nada contra las leyes de la naturaleza o esté condicionado por su herencia. Si se acepta que la obstrucción no intencional deja espacio suficiente a la libertad, entonces es plausible admitir que hay espacio para libertad con la interferencia de un tercero siempre que no sea arbitraria -parece que una acción externa que tenga en cuenta nuestros intereses u opiniones no llega a ser ni la mínima parte de invasiva para nuestra libertad que lo podría ser el sufrir una incapacidad o algún hecho natural del mundo-

Tema muy amplio, vertiginosamente amplio el de tu entrada sobre Izquierda y España. Espero muchas entradas tuyas sobre cada uno de los asuntos centrales del federalismo.

La primera vez tuve una idea clara sobre el asunto fue leyendo a un señor que retrataba agudamente el mismo ejemplo que pones, el norteamericano. Me refiero a Tocqueville y La Democracia en América. Ser federalista o centralista no eran posturas digamos ideológicas, sino casi casi ingenieriles. Ser federalista tenía que ver con un balanceo de poder que permitiese el movimiento interno y el control. Control tanto desde la periferia como desde el centro, porque ser federalista no es ser separatista, ni poner la diferencia por encima de lo común, sino aceptar y diseñar el cauce tanto de las fuerzas centrífugas como de las centrípetas en la arquitectura del estado. De ahí el activismo cívico norteamericano y el poder centralizador de sus jueces, por citar algunos de sus elementos más llamativos. La verdad es que a Tocqueville le dedicaré algún post.

Este balanceo me parece esencial, porque siendo más o menos correcto pensar que la cercanía a los problemas es la única forma de superarlos, la cosa tiene sus matices. Alguna vez te he oído hablar del gobierno multinivel. En eso tiene que estar el federalismo y el municipalismo, en resolver, o crear, lo que está a su alcance representativo. Pero, si se me permite poner el contrapunto, no todo está al alcance de sus ojos. Una comunidad o un municipio puede verse envuelto en asuntos que afectan a intereses que sobrepasan los de sus electores, ya sea por la movilidad de estos mismos, porque de sus acciones se derivarán subproductos al resto, o porque la supervivencia del cargo político de turno no esté en juego en temas que sí gestiona o que puede ralentizar sólo por fastidiar, etc. Estoy pensando por ejemplo en las políticas del medio ambiente, en las energéticas, en las de infraestructuras o incluso en las educativas.

Creo en el aumento de democracia que supone el federalismo, pero también creo ser consciente de que todo perfeccionamiento de un sistema democrático lo hace todo más frágil y necesitado de mayor esfuerzo y calidad por parte de sus políticos pero sobretodo de sus ciudadanos.

Se necesitan políticos capaces de no ser fieles lacayos del todos a una de las políticas partidistas lanzadas a las comunidades propias en una estrategia de desgaste con el gobierno central, pero también de políticos capaces de no ser administradores de lo inmediato y lo propio, que sepan que están inmersos en un estado y que del beneficio de la comunidad vecina, mañana vendrá el suyo, o que no entiendan que su labor principal es hacer oposición día y noche a un gobierno de nivel superior, aunque sea más televisivo.

Se necesitan ciudadanos informados, que sepan que hay en juego en cada esfera. Que conozcan para qué sirve un concejal, un alcalde, un diputado regional, un presidente y un parlamento de España. ¡Y por tanto se necesitan políticos a todos estos niveles que expliquen muy bien su tarea, sus propósitos y cuál es su alcance! No le voy a quitar responsabilidad al ciudadano, a veces tan mimados por lo políticamente correcto -aunque la condescencendia es propio del paternalismo y este en política es uno de los mayores desprecios por las personas comunes-, pero el político que se embarca en aventuras descentralizadoras no debería esperar que el tiempo le dé algún día lejano la razón, sino que tiene que ponerse a explicar lo que hace y a generar una cultura de la descentralización, que no pase por la particularidad cultural (¡) que las más de las veces parece que es el único medio que se les ocurre, sino por el desarrollo de la democracia y la participación.

Por cierto, que bien le vinieron las políticas europeas de cohesión a todas las ciudades españolas. Balanceo!!!!! que gran palabra, que sublime idea para el control, la libertad y la justicia. Europa y Ciudad, que gran lema para futuros debates.

rosa2.gifEl final del siglo XX en el que el mundo bipolar desaparece como consecuencia del hundimiento de la Unión Soviética y la sustitución como potencia hegemónica de unos Estados Unidos, en donde el poder de los neocons se hace patente a pesar del paréntesis Clinton y Gore, va acompañado de un cambio socioeconómico de gran calado que se caracteriza por:

  • La individualización de los valores.

  • El escepticismo ideológico.

  • La hegemonía neoliberal en las instituciones financieras internacionales.

  • El desarrollo de las nuevas tecnologías.

 En este entorno se plantea un debate respecto de qué papel tiene la política en un mundo fuertemente individualista y qué necesario sigue siendo lo público si el modelo político que se hunde inspiró la apuesta por el Estado del Bienestar (aunque fuese para negar elementos del “socialismo real”). Debate que claramente tiene un perjudicado, la socialdemocracia, que encuentra dificultades para legitimar sus políticas principalmente sociales y de cohesión, en este contexto se han dibujado tres posiciones en el seno de la socialdemocracia para tratar de reformular sus valores de gobernanza progresista o progressive governance como le denominan los teóricos en un nuevo entorno social, económico y político que no responde a los esquemas bipolares:

En primer lugar conviene señalar que un grupo de partidos socialdemocratas han adoptado una estrategia de enrocamiento en el posicionamiento estratégico clásico del socialismo democrático posterior a la II Guerra Mundial en espera de que la coyuntura actual abra un espacio nuevo de juego para esta formulación estratégica, esta situación tiene como principal protagonista al Partido Socialista de Francia y se ha repetido en el Partido Socialdemócrata Alemán. Este posicionamiento ha sido fruto de fracasos electorales en Alemania y Francia fruto de un debate entre posiciones ortodoxas que se ha reducido a un debate nominalista entre liderazgos.

Un segundo modelo ha sido la apertura hacia el centro político de la socialdemocracia, asumiendo el triunfo del neoliberalismo como algo incontestable y tratando de dar barniz progresista a políticas y valores conservadores, a partir de la formulación de la Tercera Vía, por parte del Partido Laborista británico y de los laboristas australianos y neozelandeses, curiosamente la Tercera Vía fue el término acuñado en los 90 para inspirar el giro a la izquierda de los demócratas estadounidenses. Esta estrategia se ha mostrado efectiva en el terreno electoral, puesto que desde 1997 los Laboristas son el partido de gobierno en Gran Bretaña y ha tenido algunos aciertos como la eficiencia en los servicios públicos o la devolution, ha generado problemas internos en el partido, sin embargo plantea problemas a largo plazo puesto que las incoherencias de políticas neoliberales de izquierdas mantienen un equilibrio inestable entre los electores más moderados del laborismo que piden menos avances y los más progresistas que no se conforman y en ocasiones ambos segmentos buscan opciones ideolígicamente más sólidas.

En tercer lugar está desarrollandose el modelo español de socialismo de los ciudadanos, que se situaría como un modelo intermedio puesto que se caracteriza porque no abandona los valores de la socialdemocracia, pero los readapta a la nueva realidad sociopolítica, incorporando en muchas ocasiones elementos del republicanismo civico, del ecologismo y de los movimientos sociales como instrumentos dinamizadores y modernizadores que se sintetizan en una nueva redefinición de los valores clásicos del socialismo democrático:

  • La libertad como no dominación  lo que se traduce en la apuesta por nuevos derechos civiles hacia colectivos que se proyectan en los planes de vida individuales de manera que se extiende la idea de libertad al máximo posible en un contexto indiviluazado de forma de vida, orientando este valor hacia el bienestar de la colectividad, que a través de poder realizar sus proyectos de vida, se siente parte de un todo.

  • La igualdad entendida como la apuesta por la cohesión social, en un entorno de prestación de servicios públicos, que sean eficaces y eficientes lo que no excluye fórmulas innovadoras de gestión (que pueden incluir en determinados aspectos una cierta externalización hacia el mercado o el tejido asociativo) si bien esto se realiza de forma proactiva (para mejorar el servicio) y no reactiva (deshacerse de él).

  • La justicia social que se traduce en la solidaridad entendida no solo entre ciudadanos, sino proyectada entre países potenciando la cooperación al desarrollo como política exterior prioritaria y garantizando el derecho a la sostenibilidad del medio ambiente frente a amenazas de ámbito global.

 En definitiva la izquierda tiene ante si, el reto de volver a homologarse, encuentros e iniciativas como el Policy-Network o la Comisión Progreso Global van en esa dirección, el debate está abierto…….